Empezamos a tomar conciencia del valor de lo nacional, lo nuestro, lo local, lo argentino, lo latinoamericano. Abrimos los ojitos acostumbrados a tanta oscuridad, para ver lo que nos representa, los que nos repercute y los cerramos para las grandes, repetitivas e insistentes publicidades que nos atormentan de jueves a jueves haciendo verdad las mil mentiras de que el cine importado de Hollyshitwood, con sus comedias baratas de chistes fáciles y sus superhéroes virtuales son lo mejor que nos puede pasar en la vida, cuando lo único que nos termina deleitando es el dulce pochoclo de los grandes complejos cinematográficos.Infancia clandestina
Agradezco al cine Gaumont la posibilidad que me da de frecuentarlo reduciendo al mínimo mi inexistente salario. Cuatro pesos (con descuento) cuesta la entrada para ver los mejores estrenos nacionales que, si bien hoy desdeñados por la mayoría del público, la cosa va cambiando.
Empezamos a tomar conciencia del valor de lo nacional, lo nuestro, lo local, lo argentino, lo latinoamericano. Abrimos los ojitos acostumbrados a tanta oscuridad, para ver lo que nos representa, los que nos repercute y los cerramos para las grandes, repetitivas e insistentes publicidades que nos atormentan de jueves a jueves haciendo verdad las mil mentiras de que el cine importado de Hollyshitwood, con sus comedias baratas de chistes fáciles y sus superhéroes virtuales son lo mejor que nos puede pasar en la vida, cuando lo único que nos termina deleitando es el dulce pochoclo de los grandes complejos cinematográficos.
Empezamos a tomar conciencia del valor de lo nacional, lo nuestro, lo local, lo argentino, lo latinoamericano. Abrimos los ojitos acostumbrados a tanta oscuridad, para ver lo que nos representa, los que nos repercute y los cerramos para las grandes, repetitivas e insistentes publicidades que nos atormentan de jueves a jueves haciendo verdad las mil mentiras de que el cine importado de Hollyshitwood, con sus comedias baratas de chistes fáciles y sus superhéroes virtuales son lo mejor que nos puede pasar en la vida, cuando lo único que nos termina deleitando es el dulce pochoclo de los grandes complejos cinematográficos.Economía personal
Admito -a mi muy distinguido y amado público lector- que, agotadas mis reservas monetarias obtenidas del laburete en la XXXVIII feria del libro, satisfice mis necesidades gracias a changas pegadas como la de ser mozo en servicio de catering (relatadas en los últimos posts) o como encargado nocturno en un hostel en San Telmo. Pero me hubiera sido imposible seguir con este blog o ver el sol cada día, de no haber sido por la enorme colaboración financiera de mis dos abuelas.
Son ellas dos jóvenes lúcidas y entusiastas que hace ya rato sobrevuelan las cuatro veintenas, no tienen problema alguno en cederme un pequeño porcentaje de sus jubilaciones para que yo, su descendencia directa, pueda seguir vivito, coleando y semi nutrido. Por su parte, ellas aprendieron a vivir sin necesitar mucho y con el lema de nunca molestar a nadie. Al verme tan sin empleo y flacucho, no pueden evitar entregarme por lo bajo, algunos cientos de pesos cada vez que las veo, con las excusas, una, de "tú no tienes empleo, ¡toma, y no me lo devuelvas!", dice con acento peruano, y "porque a mí no me hacen falta", dice la otra sonriendo antes de abrazarme y pronunciar palabras optimistas.
Por mi cuenta, como decía, sigo vivito, coleando, molestando y actualizando este blog. Feliz de la vida y a pesar de mi pobreza, tengo techo, pan y el mundo se me hace un circo. Pienso a diario en la política, en las discusiones cotidianas, en el amor, en la moral, en la tasa de inflación, en los índices de delincuencia, en los medios de comunicación, y no olvido los anulares ni los meñiques. Mas mis pensamientos solo buscan respuestas concretas en la economía personal, en el día a día y no se enredan en temas que solo existen en probabilidad e inmaterialidad probabilística. Si hay guita voy al super, compro lo que me alcanza y punto. Si no la hay, le pido rasguido a la guitarra para distraerme.
Obviamente voy por lo básico: cerveza y vino, para pasar después a otras nimiedades como la comida de cada día, tratando de variar el menú para no quejarme, con Mafalda, de la repetición de la sopa. Después busco cosas para hacer, veo cómo pago el alquiler mensual y punto. Para qué enredarme en pensamientos sobre un futuro inexistente, sobre un vago sistema financiero mundial o sobre la verdad de la realidad política-económica-social-nacional e internacional como me lo exigen los noticieros. Comer y pasar el tiempo, minimalismo de vida.
Busco aprender todos los días algo nuevo, economizar los recursos, "evitar los intermediarios" me dice a cada rato mi amigo "I". Cocino mi pan por no ir a la panadería y pagar a diez pesos el kilo, cuando con menos de cinco mangos y diez minutos de amasar puedo sacar el triple, cada vez probando cosas nuevas.
Para mantener el alquiler -tema importante- se hace necesario un empleo. Por eso en los últimos meses empecé a investigar la burocracia bonaerense para dar clases de lengua en secundarios públicos. Elegí 3 de febrero, San Martín y La Matanza por mi proximidad con la zona oeste.
Frecuenté las líneas San Martín y la Urquiza, dos de las pocas que se mantienen en un país saqueado por décadas de neoliberalismo. Amo viajar en los trenes y ver por la ventana cinematográfica el paisaje conurbano pasar de un lado a otro como tirado por una cinta transportadora. Me introduje en la secretaría de asuntos docentes para pedir empleo, llenar formularios y poder compartir lo poco que sé con los jóvenes escolares....
Son ellas dos jóvenes lúcidas y entusiastas que hace ya rato sobrevuelan las cuatro veintenas, no tienen problema alguno en cederme un pequeño porcentaje de sus jubilaciones para que yo, su descendencia directa, pueda seguir vivito, coleando y semi nutrido. Por su parte, ellas aprendieron a vivir sin necesitar mucho y con el lema de nunca molestar a nadie. Al verme tan sin empleo y flacucho, no pueden evitar entregarme por lo bajo, algunos cientos de pesos cada vez que las veo, con las excusas, una, de "tú no tienes empleo, ¡toma, y no me lo devuelvas!", dice con acento peruano, y "porque a mí no me hacen falta", dice la otra sonriendo antes de abrazarme y pronunciar palabras optimistas.
Por mi cuenta, como decía, sigo vivito, coleando, molestando y actualizando este blog. Feliz de la vida y a pesar de mi pobreza, tengo techo, pan y el mundo se me hace un circo. Pienso a diario en la política, en las discusiones cotidianas, en el amor, en la moral, en la tasa de inflación, en los índices de delincuencia, en los medios de comunicación, y no olvido los anulares ni los meñiques. Mas mis pensamientos solo buscan respuestas concretas en la economía personal, en el día a día y no se enredan en temas que solo existen en probabilidad e inmaterialidad probabilística. Si hay guita voy al super, compro lo que me alcanza y punto. Si no la hay, le pido rasguido a la guitarra para distraerme.
Obviamente voy por lo básico: cerveza y vino, para pasar después a otras nimiedades como la comida de cada día, tratando de variar el menú para no quejarme, con Mafalda, de la repetición de la sopa. Después busco cosas para hacer, veo cómo pago el alquiler mensual y punto. Para qué enredarme en pensamientos sobre un futuro inexistente, sobre un vago sistema financiero mundial o sobre la verdad de la realidad política-económica-social-nacional e internacional como me lo exigen los noticieros. Comer y pasar el tiempo, minimalismo de vida.
Busco aprender todos los días algo nuevo, economizar los recursos, "evitar los intermediarios" me dice a cada rato mi amigo "I". Cocino mi pan por no ir a la panadería y pagar a diez pesos el kilo, cuando con menos de cinco mangos y diez minutos de amasar puedo sacar el triple, cada vez probando cosas nuevas.
Para mantener el alquiler -tema importante- se hace necesario un empleo. Por eso en los últimos meses empecé a investigar la burocracia bonaerense para dar clases de lengua en secundarios públicos. Elegí 3 de febrero, San Martín y La Matanza por mi proximidad con la zona oeste.
Frecuenté las líneas San Martín y la Urquiza, dos de las pocas que se mantienen en un país saqueado por décadas de neoliberalismo. Amo viajar en los trenes y ver por la ventana cinematográfica el paisaje conurbano pasar de un lado a otro como tirado por una cinta transportadora. Me introduje en la secretaría de asuntos docentes para pedir empleo, llenar formularios y poder compartir lo poco que sé con los jóvenes escolares....
Suscribirse a:
Entradas (Atom)