Parecíame -por el momento en que llegó y la problemática que trataba- una solución divina a todos mis problemas; lo sentí como un augurio de progreso, una oportunidad para tener a mi lado la gracia dívina del Señor, por lo que me dispuse a leerlo, seguir sus enseñanza y ponerlas en práctica.
El gran milagro: Elena G. White
Parecíame -por el momento en que llegó y la problemática que trataba- una solución divina a todos mis problemas; lo sentí como un augurio de progreso, una oportunidad para tener a mi lado la gracia dívina del Señor, por lo que me dispuse a leerlo, seguir sus enseñanza y ponerlas en práctica.
Amor al mate cocido (sexta entrega)
...Las condiciones de trabajo no fueron malas. Nos las arreglábamos para comer todos los días: una ensalada improvisada en un tapper, sánguches de fiambres. Los demás (que trataban las ocho horas con el público) ecanutábanse unas galletitas, unos bizcochitos agridulces, un termo, mate, tortas. Cosas por el estilo.
Fue arduo el hecho de no recibir comida durante ocho horas, los cinco días de semana, nueve horas los fines de semana y once la "noche de la feria". Entre los empleados, los del sonido, el del aire
Fue arduo el hecho de no recibir comida durante ocho horas, los cinco días de semana, nueve horas los fines de semana y once la "noche de la feria". Entre los empleados, los del sonido, el del aire
Amor a ser robado (quinta entrega)
...Después de las 17 todo se iba calmando. El domingo 29, día previo al feriado sánguche, previo al día del trabajador, fue "la noche de la feria". Pedro Aznar dio un homenaje al Flaco Spineta. Solo escuché los bajos retumbando en toda la biblioteca, al lado del escenario.
A partir de las 21, miles de personas entraron gratis. Otras se quedaron afuera de la cantidad de gente que había. La feria "explotó de gente", según titularon algunos diarios al día siguiente. La biblioteca como toda la feria rebalsó, por lo que nos tuvimos que poner a restringir la entrada ante tanta cantidad de gente. Mi preocupación final era que a la gente no se le ocurriera guardar, por equivocación, algún libro en sus mochilas o sus carteras para llevárselo "por error" a sus casas.
amor a los libros (cuarta entrega)
Finalmente terminó el trabajo en la feria. Fue algo agotador y estresante pero ya volví a las andanzas. La vagancia vuelve a mi rutina. No tengo que preocuparme por la economía por un par de meses.
Fui un empleado modelo. Asistí puntualmente a la feria, 20 minutos antes de su apertura. Me dirigía al hall central, saludaba a la jefa y al resto del staff, firmaba el libro, recibía una botellita de agua mineral de una marca que no voy a nombrar pero que es un brazo de la gaseosa más popular. Según una de mis compañeras, el agua "es más fea que la de la canilla". Me da igual.
Agarraba un par de programas para informarme de los eventos para poder informar al público de las actividades de la feria. Me sé el mapa de la rural de memoria, dónde queda cada pabellón y cada sala de actos.
Los primeros días no vino mucha gente, faltaba promocionar la feria. Yo me la pasaba leyendo mientras mi compañera regañaba a los niños, pegando estridentes "chicoooooooos" y amenazantes "en la biblioteca no se puede comer, no se puede beber, etc etc...". Cuando la situación se desbordaba y cachaba a un pibe dejando los libros en en el piso, su tono y volumen superaban valores tolerables con un "chiiiiiicooooooossss, los libros no se dejan en el piso, me entendieron, los dejan en las mestias".
Los días de semanas venían de los colegios, así que hasta las 16 horas, no paramos de recibir primeros, cuartos y quintos grados, que entraban un rato a la biblioteca, recibían el sermón de mi compañera, y se ponían a corretear peleándose por cualquier libro que encontraban.
Fui un empleado modelo. Asistí puntualmente a la feria, 20 minutos antes de su apertura. Me dirigía al hall central, saludaba a la jefa y al resto del staff, firmaba el libro, recibía una botellita de agua mineral de una marca que no voy a nombrar pero que es un brazo de la gaseosa más popular. Según una de mis compañeras, el agua "es más fea que la de la canilla". Me da igual.
Agarraba un par de programas para informarme de los eventos para poder informar al público de las actividades de la feria. Me sé el mapa de la rural de memoria, dónde queda cada pabellón y cada sala de actos.
Los primeros días no vino mucha gente, faltaba promocionar la feria. Yo me la pasaba leyendo mientras mi compañera regañaba a los niños, pegando estridentes "chicoooooooos" y amenazantes "en la biblioteca no se puede comer, no se puede beber, etc etc...". Cuando la situación se desbordaba y cachaba a un pibe dejando los libros en en el piso, su tono y volumen superaban valores tolerables con un "chiiiiiicooooooossss, los libros no se dejan en el piso, me entendieron, los dejan en las mestias".
Los días de semanas venían de los colegios, así que hasta las 16 horas, no paramos de recibir primeros, cuartos y quintos grados, que entraban un rato a la biblioteca, recibían el sermón de mi compañera, y se ponían a corretear peleándose por cualquier libro que encontraban.
Amor a sacarse fotos (3ra entrega)
A partir de las 14 abre la feria. Estoy ahí, peinado, bañando, afeitado, perfumado y espero los contingentes. Charlo con mi compañera, saludo a mis compañeros del patio infantil: a Fede, un pibe muy gracioso que piensa constantemente en viajar y va a buscar un trabajo cuando termine la feria y Sofi, una muchacha de Lomas que estudió organización de eventos y ahora relaciones públicas.
Vienen los contingentes, destrozan todo. Se van. Queda un silencio de muerte. Ordenamos un poco. Viene otro y otro. Me gusta estar en un lugar lleno de libros para que vean lxs guachitxs. Contesto sonriendo todas las preguntas del público. Cuento a la gente que entra a la biblioteca y clasifico por edad y sexo. Tomamos datos de los institutos, los colegios, pedimos algún que otro mail.
Vienen los contingentes, destrozan todo. Se van. Queda un silencio de muerte. Ordenamos un poco. Viene otro y otro. Me gusta estar en un lugar lleno de libros para que vean lxs guachitxs. Contesto sonriendo todas las preguntas del público. Cuento a la gente que entra a la biblioteca y clasifico por edad y sexo. Tomamos datos de los institutos, los colegios, pedimos algún que otro mail.
Amor al libro (2da entrega)
En nuestro caso, con mi compañera tenemos un cuartito en el que nos metemos alternadamente. Visitas que duran entre diez y veinte minutos a comer un poco de ensalada o tomar un poco de gaseosa o un mate cocido.
Soy feliz como empleado, me dieron una chombita blanca y una camperita azul que me quedan muy bien y me hacen decente. Antes de entrar, todos los días me miro en el espejo, me peino un poco y sonrío.
Los primeros días mi trabajo consistió en comer, cruzar la feria para cargar el termo de agua caliente y sentarme a un lado de la biblioteca a leer libros como La física en la vida cotidiana de la colección Ciencia que ladra (que explica las leyes de Newton usando como ejemplo la caída de Charly García del noveno piso del hotel), una antología de cuentos de Quiroga, Lugones, Mujica Láinez, Victoria Ocampo y Roberto Arlt, o una obra teatral infantil escrita por Enrique Pinti que pone como consigna "tomar cerveza": aprecié su final, en el que el burgués señor Falsete acepta valores como la amistad y el amor para remplazar al dinero y se casa con la bruja.
Jueves y viernes de la semana pasada vinieron los colegios en mayor cantidad. Llego todos los días a las dos menos veinte para abrir la puerta de la biblioteca, apreciar el orden y la limpieza pura, vestirme y saludar a la gente. Al rato llega Celeste con su cansancio y su vida saturada a contarme las cosas que le pasan y al rato ya llegan los contingentes.
Encuentro gran similitud entre estos "contingentes" de entre 30 a 60 chicos de todas las edades y las descripciones de los malones indios. Recuerdo que en la primaria nos hacían sentar en "fila india", costumbre que noto extinta hoy. Todo está tranquilo y enseguida se empiezan a escuchar los gritos de miles de escolares viniendo a toda velocidad y derivando por las distintas actividades.
Los que entran a la biblioteca, si estoy solo yo, entran corriendo y gritando a arrasar con todo, pelean entre ellos por los los libros, algunos se sientan a leer, otros solo agarran los libros, los ojean los dejan en la mesa; si está Caleste, hace callar a todos, los sienta, se presenta y me presenta, y les explica qué es una biblioteca, qué se puede hacer y qué no, y les propone explicar la división de los libros: como nadie contesta y la mayoría está mirando para otro lado, concluye "cualquier pregunta que tengan, nos preguntan".
Cuando salen, dejan un silencio y una devastación de western. Ordenamos un poco y ya está entrando el nuevo contigente.
Amor al libro
Viene bien este trabajo en la feria. Agotador y estresante, sí, pero todo valdrá la pena cuando un fino y suave cheque verde de valor superior a cuatro mil pesos repose en mi bolsillo. Iré feliz al banco, veremos cómo la me la hacen pasar.
Escribo ahora sentado en el banquito de la biblioteca infantil, mientras los niños corretean por doquier transportando libros de una estantería a otra, los más chicos escapan de sus padres para disfrutar la excitante sensación de ser perseguidos y volverlos locos.
Escribo ahora sentado en el banquito de la biblioteca infantil, mientras los niños corretean por doquier transportando libros de una estantería a otra, los más chicos escapan de sus padres para disfrutar la excitante sensación de ser perseguidos y volverlos locos.
Trabajo
Trabajar no hace feliz a nadie. No vengan con Marx ni Perón.
¿El trabajo constituye la esencia humana?
¡Por favor!
¿Somos trabajadores desde la especie?
¡No me haga reir!
Nadie es feliz por estar obligado a ir todos los días a un lugar a hacer algo. Seamos sinceros. Los que se regodean de ser "grandes trabajadores", no tienen mucho esfuerzo, ni están obligados a nada.
¿Quién no piensa casi a diario en enfermarse para poder quedarse todo el día en cama, como en la niñez o en la película La Fiaca, y no tener que viajar en el colectivo, subte, tren, o auto, con el tránsito desbordado, ver otra vez, como todos los días, a los mismos compañeros que nos miran mal?
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