Ser atmósfera,
diluirse en inmaterialidad,
solo conciencia,
just air and fire,
ser vacío,
nada y todo,
ciego sordo mudo,
piedra y mar.
Ser pensamiento,
rodeado de pensamientos,
propios ajenos mutuos,
ser ser y ser dios y nirvana y éxtasis,
ser vida y muerte,
risa y llanto,
oro y mierda,
pero ante todo,
ser viento.
Fragmento de diario
Me suena el celular, número "desconocido". Atiendo; después de pronunciar mal mi apellido, tal vez por nervios o atolondramiento, una muchacha de Banco Macro me dice que me han habilitado una tarjeta VISA con límite de 7 mil pesos para no se qué de qué "de por vida". Pienso lo bien que me viene, más hoy, que un cortado chico y un sánguche de miga tostado, en un tranquilo café de Martín Coronado, me resulta caro, incluso como almuerzo. Pienso en el sistema de crédito, en las compras libres, en las cuotas; me veo recorriendo los pasillos de un shopping lleno de bolsas en los brazos, sonriente, feliz, libre, como en las publicidades . Enseguida le digo: "Gracias pero prefiero no endeudarme de por vida". Reflexiono acerca de lo material:
Infancia clandestina
Agradezco al cine Gaumont la posibilidad que me da de frecuentarlo reduciendo al mínimo mi inexistente salario. Cuatro pesos (con descuento) cuesta la entrada para ver los mejores estrenos nacionales que, si bien hoy desdeñados por la mayoría del público, la cosa va cambiando.
Empezamos a tomar conciencia del valor de lo nacional, lo nuestro, lo local, lo argentino, lo latinoamericano. Abrimos los ojitos acostumbrados a tanta oscuridad, para ver lo que nos representa, los que nos repercute y los cerramos para las grandes, repetitivas e insistentes publicidades que nos atormentan de jueves a jueves haciendo verdad las mil mentiras de que el cine importado de Hollyshitwood, con sus comedias baratas de chistes fáciles y sus superhéroes virtuales son lo mejor que nos puede pasar en la vida, cuando lo único que nos termina deleitando es el dulce pochoclo de los grandes complejos cinematográficos.
Empezamos a tomar conciencia del valor de lo nacional, lo nuestro, lo local, lo argentino, lo latinoamericano. Abrimos los ojitos acostumbrados a tanta oscuridad, para ver lo que nos representa, los que nos repercute y los cerramos para las grandes, repetitivas e insistentes publicidades que nos atormentan de jueves a jueves haciendo verdad las mil mentiras de que el cine importado de Hollyshitwood, con sus comedias baratas de chistes fáciles y sus superhéroes virtuales son lo mejor que nos puede pasar en la vida, cuando lo único que nos termina deleitando es el dulce pochoclo de los grandes complejos cinematográficos.Economía personal
Admito -a mi muy distinguido y amado público lector- que, agotadas mis reservas monetarias obtenidas del laburete en la XXXVIII feria del libro, satisfice mis necesidades gracias a changas pegadas como la de ser mozo en servicio de catering (relatadas en los últimos posts) o como encargado nocturno en un hostel en San Telmo. Pero me hubiera sido imposible seguir con este blog o ver el sol cada día, de no haber sido por la enorme colaboración financiera de mis dos abuelas.
Son ellas dos jóvenes lúcidas y entusiastas que hace ya rato sobrevuelan las cuatro veintenas, no tienen problema alguno en cederme un pequeño porcentaje de sus jubilaciones para que yo, su descendencia directa, pueda seguir vivito, coleando y semi nutrido. Por su parte, ellas aprendieron a vivir sin necesitar mucho y con el lema de nunca molestar a nadie. Al verme tan sin empleo y flacucho, no pueden evitar entregarme por lo bajo, algunos cientos de pesos cada vez que las veo, con las excusas, una, de "tú no tienes empleo, ¡toma, y no me lo devuelvas!", dice con acento peruano, y "porque a mí no me hacen falta", dice la otra sonriendo antes de abrazarme y pronunciar palabras optimistas.
Por mi cuenta, como decía, sigo vivito, coleando, molestando y actualizando este blog. Feliz de la vida y a pesar de mi pobreza, tengo techo, pan y el mundo se me hace un circo. Pienso a diario en la política, en las discusiones cotidianas, en el amor, en la moral, en la tasa de inflación, en los índices de delincuencia, en los medios de comunicación, y no olvido los anulares ni los meñiques. Mas mis pensamientos solo buscan respuestas concretas en la economía personal, en el día a día y no se enredan en temas que solo existen en probabilidad e inmaterialidad probabilística. Si hay guita voy al super, compro lo que me alcanza y punto. Si no la hay, le pido rasguido a la guitarra para distraerme.
Obviamente voy por lo básico: cerveza y vino, para pasar después a otras nimiedades como la comida de cada día, tratando de variar el menú para no quejarme, con Mafalda, de la repetición de la sopa. Después busco cosas para hacer, veo cómo pago el alquiler mensual y punto. Para qué enredarme en pensamientos sobre un futuro inexistente, sobre un vago sistema financiero mundial o sobre la verdad de la realidad política-económica-social-nacional e internacional como me lo exigen los noticieros. Comer y pasar el tiempo, minimalismo de vida.
Busco aprender todos los días algo nuevo, economizar los recursos, "evitar los intermediarios" me dice a cada rato mi amigo "I". Cocino mi pan por no ir a la panadería y pagar a diez pesos el kilo, cuando con menos de cinco mangos y diez minutos de amasar puedo sacar el triple, cada vez probando cosas nuevas.
Para mantener el alquiler -tema importante- se hace necesario un empleo. Por eso en los últimos meses empecé a investigar la burocracia bonaerense para dar clases de lengua en secundarios públicos. Elegí 3 de febrero, San Martín y La Matanza por mi proximidad con la zona oeste.
Frecuenté las líneas San Martín y la Urquiza, dos de las pocas que se mantienen en un país saqueado por décadas de neoliberalismo. Amo viajar en los trenes y ver por la ventana cinematográfica el paisaje conurbano pasar de un lado a otro como tirado por una cinta transportadora. Me introduje en la secretaría de asuntos docentes para pedir empleo, llenar formularios y poder compartir lo poco que sé con los jóvenes escolares....
Son ellas dos jóvenes lúcidas y entusiastas que hace ya rato sobrevuelan las cuatro veintenas, no tienen problema alguno en cederme un pequeño porcentaje de sus jubilaciones para que yo, su descendencia directa, pueda seguir vivito, coleando y semi nutrido. Por su parte, ellas aprendieron a vivir sin necesitar mucho y con el lema de nunca molestar a nadie. Al verme tan sin empleo y flacucho, no pueden evitar entregarme por lo bajo, algunos cientos de pesos cada vez que las veo, con las excusas, una, de "tú no tienes empleo, ¡toma, y no me lo devuelvas!", dice con acento peruano, y "porque a mí no me hacen falta", dice la otra sonriendo antes de abrazarme y pronunciar palabras optimistas.
Por mi cuenta, como decía, sigo vivito, coleando, molestando y actualizando este blog. Feliz de la vida y a pesar de mi pobreza, tengo techo, pan y el mundo se me hace un circo. Pienso a diario en la política, en las discusiones cotidianas, en el amor, en la moral, en la tasa de inflación, en los índices de delincuencia, en los medios de comunicación, y no olvido los anulares ni los meñiques. Mas mis pensamientos solo buscan respuestas concretas en la economía personal, en el día a día y no se enredan en temas que solo existen en probabilidad e inmaterialidad probabilística. Si hay guita voy al super, compro lo que me alcanza y punto. Si no la hay, le pido rasguido a la guitarra para distraerme.
Obviamente voy por lo básico: cerveza y vino, para pasar después a otras nimiedades como la comida de cada día, tratando de variar el menú para no quejarme, con Mafalda, de la repetición de la sopa. Después busco cosas para hacer, veo cómo pago el alquiler mensual y punto. Para qué enredarme en pensamientos sobre un futuro inexistente, sobre un vago sistema financiero mundial o sobre la verdad de la realidad política-económica-social-nacional e internacional como me lo exigen los noticieros. Comer y pasar el tiempo, minimalismo de vida.
Busco aprender todos los días algo nuevo, economizar los recursos, "evitar los intermediarios" me dice a cada rato mi amigo "I". Cocino mi pan por no ir a la panadería y pagar a diez pesos el kilo, cuando con menos de cinco mangos y diez minutos de amasar puedo sacar el triple, cada vez probando cosas nuevas.
Para mantener el alquiler -tema importante- se hace necesario un empleo. Por eso en los últimos meses empecé a investigar la burocracia bonaerense para dar clases de lengua en secundarios públicos. Elegí 3 de febrero, San Martín y La Matanza por mi proximidad con la zona oeste.
Frecuenté las líneas San Martín y la Urquiza, dos de las pocas que se mantienen en un país saqueado por décadas de neoliberalismo. Amo viajar en los trenes y ver por la ventana cinematográfica el paisaje conurbano pasar de un lado a otro como tirado por una cinta transportadora. Me introduje en la secretaría de asuntos docentes para pedir empleo, llenar formularios y poder compartir lo poco que sé con los jóvenes escolares....
Una parrillada para gordos (cuarta parte)
Íbamos en fila, cargando las bandejas con brasas encendidas para que la parrillada se mantuviera en temperatura, unxs por la escalera del frente, otrxs por atrás, a darle de comer a quienes mantienen e instalan la electricidad cuando la contratamos y nos la cortan cuando no la pagamos. Las encargadas de bebidas circulaban de acá para allá, buscando botellas vacías y cambiándolas, esquivando abrazos y movimientos bruscos, descorchando vinos, llevando agua, soda, cerveza y gaseosa.
Una parrillada para gordos (tercera parte)
No voy a negar que me enamoré de mis compañeras: lindas mozas de San Fernando, San Isidro, Tigre y Olivos que cantaban canciones al matador de Victoria. Sin embargo, mi tímida mirada y torpe ayuda contrastaron en extremo con los piropos y ofertas de los compañeros del sindicato a algunas de ellas, especialmente después de haberse tomado unas cuantas botellas de tinto.La advertencia de nuestra jefa, antes de servir la gran panzada de nerca fue: "Cuando carguen los braseros con la carne, agárrenlos con un repasador de la manija y con la otra mano de la parte baja de la patita que no quema; vayan tranquilos y háganme caso, que no les va a pasar
una parrillada para gordos (2da parte)
Llegué a lo del amigo "I" a las nueve de la mañana con la consigna de "afeitado, pantalón y zapatillas negras", mientras se bañaba, me tomé unos mates con Frutigram, en el patio de su PH en la calle Muñiz, barrio de Boedo.
Tomamos la violeta línea E del subte, combinamos con la amarillenta F y nos metimos en la escarlata B, para dirigirnos a Villa Urquiza, esquina Los Incas y Triunvirato, donde nos encontrarnos con lindas muchachitas que serían colegas aquella jornada. Tomamos un bondi al partido de San Martín donde serviríamos el asado.
Tomamos la violeta línea E del subte, combinamos con la amarillenta F y nos metimos en la escarlata B, para dirigirnos a Villa Urquiza, esquina Los Incas y Triunvirato, donde nos encontrarnos con lindas muchachitas que serían colegas aquella jornada. Tomamos un bondi al partido de San Martín donde serviríamos el asado.
Una parrillada para gordos (1ra parte)
El amigo "I" nos consiguió uno de los mejores laburos: mozo de un servicio de catering, no fullop, sino en eventos multitudinarios.
Las últimas semanas comí gracias a ambas changuitas en las que serví bebida y comida a los invitados.
El primero en honor al cumpleaños del teatro ND Ateneo, espacio que exhibe folclore: decenas de grandes estrellas de la música popular de los últimos cuarenta años a quienes no nombraré por no olvidar mencionar a nadie.
Las últimas semanas comí gracias a ambas changuitas en las que serví bebida y comida a los invitados.
El primero en honor al cumpleaños del teatro ND Ateneo, espacio que exhibe folclore: decenas de grandes estrellas de la música popular de los últimos cuarenta años a quienes no nombraré por no olvidar mencionar a nadie.
reflexión sureña
Le agradezco al amigo de Berazategui que hizo el siguiente comentario:
"acabo de caer en el blog y leer lo que escribís. Me pasan cosas muy similares a lo que estoy leyendo, caí aca por tener una discución con amigos que están preocupados por querer vender pan relleno a la salida de la universidad de la plata y en google puse "vivir vendiendo pan relleno".
Siento que nadie puede entenderme y leyendo me senti un toque contenido.
Voy a estarte leyendo mas seguido loco... Un saludo desde Berazategui. Buena y feliz vida"
"acabo de caer en el blog y leer lo que escribís. Me pasan cosas muy similares a lo que estoy leyendo, caí aca por tener una discución con amigos que están preocupados por querer vender pan relleno a la salida de la universidad de la plata y en google puse "vivir vendiendo pan relleno".
Siento que nadie puede entenderme y leyendo me senti un toque contenido.
Voy a estarte leyendo mas seguido loco... Un saludo desde Berazategui. Buena y feliz vida"
Toallín (o cómo se lee hoy en día)
Elefante blanco
Muchas cosas se le objetan al cine de Pablo Trapero: 1. que a pesar de la acción y la velocidad, sus películas son tristes; 2. que la pobreza se ve desde la perspectiva de quien no la sufre, es decir, desde afuera; 3. que no denuncia el verdadero fin represivo de las instituciones; 4. que, a diferencia de la protagonista femenina, sus guiones no presentan grandes curvas, no señalan una salida a la injusticia social, ni a la lucha entre las personas, solo expresan el sufrimiento irredimible; 5. que muestra una imagen ingenua y demonizante de "el/la pobre" y 6. que es pesimista.
Sobre la primera y la última no hay mucho que decir: cada quien es como es, los cineastas optimistas hacen películas felices y comedias románticas.
Sobre la primera y la última no hay mucho que decir: cada quien es como es, los cineastas optimistas hacen películas felices y comedias románticas.
Cuestion de actitud
"Todo lo que tengo, lo logré gracias a la actitud", comentaba un familiar lejano con ropa importante y la cabeza alta.
"Es solo una cuestión de actitud", canta el rosarino
¿qué cuerno es la actitud?
La gente se la pasa diciendo "en la vida hay que tener actitud", con la "actitud se consiguen las cosas", "lo importante es la actitud", "con actitud se progresa" y "solo con actitud se llega a ser alguien".
Actitud es no una forma de ser, es "la" forma de ser. No esperar a que las cosas lleguen, sino ir a buscarlas. Poner todo el empeño en los objetivos personales y lograrlos, o fracasar y ser un don nadie.
"Es solo una cuestión de actitud", canta el rosarino
¿qué cuerno es la actitud?
La gente se la pasa diciendo "en la vida hay que tener actitud", con la "actitud se consiguen las cosas", "lo importante es la actitud", "con actitud se progresa" y "solo con actitud se llega a ser alguien".
Actitud es no una forma de ser, es "la" forma de ser. No esperar a que las cosas lleguen, sino ir a buscarlas. Poner todo el empeño en los objetivos personales y lograrlos, o fracasar y ser un don nadie.
Entrevista de trabajo
El otro día logré una entrevista de trabajo para conseguir un empleo y mantener mis cuentas en vilo. Era para hacer de seguridad en un acomodado hotel del centro. Llegué a las oficinas de la agencia de seguridad privada.
-Contame -me dijo la empleada que me entrevistaba-, ¿por qué estás interesado en el trabajo que te estamos ofreciendo? ¿Qué es lo que te cautivó de la propuesta?
-En primer lugar, me interesó el sueldo. Ahora estoy desempleado, aunque antes ganaba mil pesos menos de lo que ustedes me ofrecen.
-Igualmente los dos mil seiscientos que ofrecemos son en bruto. Lo que ganarías serían unos dos mil trescientos.
-Ah, eso cambia un poco las cosas.
-Contame -me dijo la empleada que me entrevistaba-, ¿por qué estás interesado en el trabajo que te estamos ofreciendo? ¿Qué es lo que te cautivó de la propuesta?
-En primer lugar, me interesó el sueldo. Ahora estoy desempleado, aunque antes ganaba mil pesos menos de lo que ustedes me ofrecen.
-Igualmente los dos mil seiscientos que ofrecemos son en bruto. Lo que ganarías serían unos dos mil trescientos.
-Ah, eso cambia un poco las cosas.
El estudiante
Esta película independiente estrenada en el Malba en invierno de 2011 estuvo llevando buena cantidad de gente hasta el mes pasado de mayo. Su director Santiago Mitre, coescribió grandes películas de Pablo Trapero como Leonera y Carancho.
El gran milagro: Elena G. White
Parecíame -por el momento en que llegó y la problemática que trataba- una solución divina a todos mis problemas; lo sentí como un augurio de progreso, una oportunidad para tener a mi lado la gracia dívina del Señor, por lo que me dispuse a leerlo, seguir sus enseñanza y ponerlas en práctica.
Amor al mate cocido (sexta entrega)
...Las condiciones de trabajo no fueron malas. Nos las arreglábamos para comer todos los días: una ensalada improvisada en un tapper, sánguches de fiambres. Los demás (que trataban las ocho horas con el público) ecanutábanse unas galletitas, unos bizcochitos agridulces, un termo, mate, tortas. Cosas por el estilo.
Fue arduo el hecho de no recibir comida durante ocho horas, los cinco días de semana, nueve horas los fines de semana y once la "noche de la feria". Entre los empleados, los del sonido, el del aire
Fue arduo el hecho de no recibir comida durante ocho horas, los cinco días de semana, nueve horas los fines de semana y once la "noche de la feria". Entre los empleados, los del sonido, el del aire
Amor a ser robado (quinta entrega)
...Después de las 17 todo se iba calmando. El domingo 29, día previo al feriado sánguche, previo al día del trabajador, fue "la noche de la feria". Pedro Aznar dio un homenaje al Flaco Spineta. Solo escuché los bajos retumbando en toda la biblioteca, al lado del escenario.
A partir de las 21, miles de personas entraron gratis. Otras se quedaron afuera de la cantidad de gente que había. La feria "explotó de gente", según titularon algunos diarios al día siguiente. La biblioteca como toda la feria rebalsó, por lo que nos tuvimos que poner a restringir la entrada ante tanta cantidad de gente. Mi preocupación final era que a la gente no se le ocurriera guardar, por equivocación, algún libro en sus mochilas o sus carteras para llevárselo "por error" a sus casas.
amor a los libros (cuarta entrega)
Finalmente terminó el trabajo en la feria. Fue algo agotador y estresante pero ya volví a las andanzas. La vagancia vuelve a mi rutina. No tengo que preocuparme por la economía por un par de meses.
Fui un empleado modelo. Asistí puntualmente a la feria, 20 minutos antes de su apertura. Me dirigía al hall central, saludaba a la jefa y al resto del staff, firmaba el libro, recibía una botellita de agua mineral de una marca que no voy a nombrar pero que es un brazo de la gaseosa más popular. Según una de mis compañeras, el agua "es más fea que la de la canilla". Me da igual.
Agarraba un par de programas para informarme de los eventos para poder informar al público de las actividades de la feria. Me sé el mapa de la rural de memoria, dónde queda cada pabellón y cada sala de actos.
Los primeros días no vino mucha gente, faltaba promocionar la feria. Yo me la pasaba leyendo mientras mi compañera regañaba a los niños, pegando estridentes "chicoooooooos" y amenazantes "en la biblioteca no se puede comer, no se puede beber, etc etc...". Cuando la situación se desbordaba y cachaba a un pibe dejando los libros en en el piso, su tono y volumen superaban valores tolerables con un "chiiiiiicooooooossss, los libros no se dejan en el piso, me entendieron, los dejan en las mestias".
Los días de semanas venían de los colegios, así que hasta las 16 horas, no paramos de recibir primeros, cuartos y quintos grados, que entraban un rato a la biblioteca, recibían el sermón de mi compañera, y se ponían a corretear peleándose por cualquier libro que encontraban.
Fui un empleado modelo. Asistí puntualmente a la feria, 20 minutos antes de su apertura. Me dirigía al hall central, saludaba a la jefa y al resto del staff, firmaba el libro, recibía una botellita de agua mineral de una marca que no voy a nombrar pero que es un brazo de la gaseosa más popular. Según una de mis compañeras, el agua "es más fea que la de la canilla". Me da igual.
Agarraba un par de programas para informarme de los eventos para poder informar al público de las actividades de la feria. Me sé el mapa de la rural de memoria, dónde queda cada pabellón y cada sala de actos.
Los primeros días no vino mucha gente, faltaba promocionar la feria. Yo me la pasaba leyendo mientras mi compañera regañaba a los niños, pegando estridentes "chicoooooooos" y amenazantes "en la biblioteca no se puede comer, no se puede beber, etc etc...". Cuando la situación se desbordaba y cachaba a un pibe dejando los libros en en el piso, su tono y volumen superaban valores tolerables con un "chiiiiiicooooooossss, los libros no se dejan en el piso, me entendieron, los dejan en las mestias".
Los días de semanas venían de los colegios, así que hasta las 16 horas, no paramos de recibir primeros, cuartos y quintos grados, que entraban un rato a la biblioteca, recibían el sermón de mi compañera, y se ponían a corretear peleándose por cualquier libro que encontraban.
Amor a sacarse fotos (3ra entrega)
A partir de las 14 abre la feria. Estoy ahí, peinado, bañando, afeitado, perfumado y espero los contingentes. Charlo con mi compañera, saludo a mis compañeros del patio infantil: a Fede, un pibe muy gracioso que piensa constantemente en viajar y va a buscar un trabajo cuando termine la feria y Sofi, una muchacha de Lomas que estudió organización de eventos y ahora relaciones públicas.
Vienen los contingentes, destrozan todo. Se van. Queda un silencio de muerte. Ordenamos un poco. Viene otro y otro. Me gusta estar en un lugar lleno de libros para que vean lxs guachitxs. Contesto sonriendo todas las preguntas del público. Cuento a la gente que entra a la biblioteca y clasifico por edad y sexo. Tomamos datos de los institutos, los colegios, pedimos algún que otro mail.
Vienen los contingentes, destrozan todo. Se van. Queda un silencio de muerte. Ordenamos un poco. Viene otro y otro. Me gusta estar en un lugar lleno de libros para que vean lxs guachitxs. Contesto sonriendo todas las preguntas del público. Cuento a la gente que entra a la biblioteca y clasifico por edad y sexo. Tomamos datos de los institutos, los colegios, pedimos algún que otro mail.
Amor al libro (2da entrega)
En nuestro caso, con mi compañera tenemos un cuartito en el que nos metemos alternadamente. Visitas que duran entre diez y veinte minutos a comer un poco de ensalada o tomar un poco de gaseosa o un mate cocido.
Soy feliz como empleado, me dieron una chombita blanca y una camperita azul que me quedan muy bien y me hacen decente. Antes de entrar, todos los días me miro en el espejo, me peino un poco y sonrío.
Los primeros días mi trabajo consistió en comer, cruzar la feria para cargar el termo de agua caliente y sentarme a un lado de la biblioteca a leer libros como La física en la vida cotidiana de la colección Ciencia que ladra (que explica las leyes de Newton usando como ejemplo la caída de Charly García del noveno piso del hotel), una antología de cuentos de Quiroga, Lugones, Mujica Láinez, Victoria Ocampo y Roberto Arlt, o una obra teatral infantil escrita por Enrique Pinti que pone como consigna "tomar cerveza": aprecié su final, en el que el burgués señor Falsete acepta valores como la amistad y el amor para remplazar al dinero y se casa con la bruja.
Jueves y viernes de la semana pasada vinieron los colegios en mayor cantidad. Llego todos los días a las dos menos veinte para abrir la puerta de la biblioteca, apreciar el orden y la limpieza pura, vestirme y saludar a la gente. Al rato llega Celeste con su cansancio y su vida saturada a contarme las cosas que le pasan y al rato ya llegan los contingentes.
Encuentro gran similitud entre estos "contingentes" de entre 30 a 60 chicos de todas las edades y las descripciones de los malones indios. Recuerdo que en la primaria nos hacían sentar en "fila india", costumbre que noto extinta hoy. Todo está tranquilo y enseguida se empiezan a escuchar los gritos de miles de escolares viniendo a toda velocidad y derivando por las distintas actividades.
Los que entran a la biblioteca, si estoy solo yo, entran corriendo y gritando a arrasar con todo, pelean entre ellos por los los libros, algunos se sientan a leer, otros solo agarran los libros, los ojean los dejan en la mesa; si está Caleste, hace callar a todos, los sienta, se presenta y me presenta, y les explica qué es una biblioteca, qué se puede hacer y qué no, y les propone explicar la división de los libros: como nadie contesta y la mayoría está mirando para otro lado, concluye "cualquier pregunta que tengan, nos preguntan".
Cuando salen, dejan un silencio y una devastación de western. Ordenamos un poco y ya está entrando el nuevo contigente.
Amor al libro
Viene bien este trabajo en la feria. Agotador y estresante, sí, pero todo valdrá la pena cuando un fino y suave cheque verde de valor superior a cuatro mil pesos repose en mi bolsillo. Iré feliz al banco, veremos cómo la me la hacen pasar.
Escribo ahora sentado en el banquito de la biblioteca infantil, mientras los niños corretean por doquier transportando libros de una estantería a otra, los más chicos escapan de sus padres para disfrutar la excitante sensación de ser perseguidos y volverlos locos.
Escribo ahora sentado en el banquito de la biblioteca infantil, mientras los niños corretean por doquier transportando libros de una estantería a otra, los más chicos escapan de sus padres para disfrutar la excitante sensación de ser perseguidos y volverlos locos.
Trabajo
Trabajar no hace feliz a nadie. No vengan con Marx ni Perón.
¿El trabajo constituye la esencia humana?
¡Por favor!
¿Somos trabajadores desde la especie?
¡No me haga reir!
Nadie es feliz por estar obligado a ir todos los días a un lugar a hacer algo. Seamos sinceros. Los que se regodean de ser "grandes trabajadores", no tienen mucho esfuerzo, ni están obligados a nada.
¿Quién no piensa casi a diario en enfermarse para poder quedarse todo el día en cama, como en la niñez o en la película La Fiaca, y no tener que viajar en el colectivo, subte, tren, o auto, con el tránsito desbordado, ver otra vez, como todos los días, a los mismos compañeros que nos miran mal?
Pobreza
Debo reconocerlo: estoy pobre: sin un cobre: seco, seco: sin vento: en Pampa y la vía.
De esto me venía dando cuenta unas semanas atrás, durante un asado, ante la pregunta de una amiga. Comenté que, por haber pasado ya más de tres meses desde que me habían despedido de mi último empleo, me estaba quedando sin plata.
-¿Qué se siente ser pobre?
-¡Dignidad! -grité con la frente en alto -¡Honor! -rematé-. Lo mío es pobreza digna, como la que comenta Brandoni, con la empanada en la mano.
De esto me venía dando cuenta unas semanas atrás, durante un asado, ante la pregunta de una amiga. Comenté que, por haber pasado ya más de tres meses desde que me habían despedido de mi último empleo, me estaba quedando sin plata.
-¿Qué se siente ser pobre?
-¡Dignidad! -grité con la frente en alto -¡Honor! -rematé-. Lo mío es pobreza digna, como la que comenta Brandoni, con la empanada en la mano.
La feria del libro
Voy a tener que posponer un rato el gran negocio de panes rellenos que pienso forjar con tanta codicia de espíritu. ¿Por qué? Conseguí un trabajo temporal en la 38 Feria del libro, ocho horas por día, tres semanas de corrido, sin francos, fines de semana ni feriados, domingo a jueves de 14 a 22 horas, viernes y sábados hasta las 23, y el 1 de mayo hasta la una de la mañana.
Estoy a cargo de la biblioteca infantil en el pabellón azul. El martes empecé; ordené más de dos mil libros para niños. Me encontré con varios libros que adornaron mi infancia, además de formarme como persona y ciudadano y llevarme por el buen camino del Señor.
No es mucho lo que hago, solo estoy ahí, en la biblioteca ayudando a las personas, la mayoría madres o padres que quieren descansar un rato de la hiper actividad de sus críos.
Mi compañera se llama Celeste, aunque también le gusta que la llamen Haydee (su segundo nombre). Es simpática y contrasta con mi frialdad de caracter. Madre soltera de un pibe de cinco años, aceptó el trabajo en la feria que se suma a su otro trabajo por la mañana de lunes a sábados, para tener un poco de dinero extra para darle lo mejor a su hijo. Se levanta todos los días a las seis y media de la mañana "porque tengo que preparar el agua caliente", según me dijo, ya que tiene un termotanque eléctrico que no puede dejar enchufado.
Se baña, lava, plancha, toma unos mates y sale a trabajar todos los días a las 8.30 para recién volver a San Justo a las 23 domingos a jueves y a las 24 viernes y sábados. Qué coraje tiene ella. Me enorgullece tanto amor. El 8 de mayo termina el trabajo, la cuenta regresiva empezó. Miraremos el calendario día a día tachando los días agónicamente.
Ayer estuvo el amado vicepresidente Boudou dando un discurso en el stand de presidencia. Abajo, la multitud y la prensa. Metió chicana contra Clarín (uno de los mayores auspiciantes de la feria), destacó la nacionalización de YPF, reivindicó el modelo. Por suerte, los parlantes estaban al máximo volumen, para que toda la feria lo escuchara. Hay que tener huevos para ser vicepresidente en este país. Lo banco por eso.
Estoy a cargo de la biblioteca infantil en el pabellón azul. El martes empecé; ordené más de dos mil libros para niños. Me encontré con varios libros que adornaron mi infancia, además de formarme como persona y ciudadano y llevarme por el buen camino del Señor.
No es mucho lo que hago, solo estoy ahí, en la biblioteca ayudando a las personas, la mayoría madres o padres que quieren descansar un rato de la hiper actividad de sus críos.
Mi compañera se llama Celeste, aunque también le gusta que la llamen Haydee (su segundo nombre). Es simpática y contrasta con mi frialdad de caracter. Madre soltera de un pibe de cinco años, aceptó el trabajo en la feria que se suma a su otro trabajo por la mañana de lunes a sábados, para tener un poco de dinero extra para darle lo mejor a su hijo. Se levanta todos los días a las seis y media de la mañana "porque tengo que preparar el agua caliente", según me dijo, ya que tiene un termotanque eléctrico que no puede dejar enchufado.
Se baña, lava, plancha, toma unos mates y sale a trabajar todos los días a las 8.30 para recién volver a San Justo a las 23 domingos a jueves y a las 24 viernes y sábados. Qué coraje tiene ella. Me enorgullece tanto amor. El 8 de mayo termina el trabajo, la cuenta regresiva empezó. Miraremos el calendario día a día tachando los días agónicamente.
Ayer estuvo el amado vicepresidente Boudou dando un discurso en el stand de presidencia. Abajo, la multitud y la prensa. Metió chicana contra Clarín (uno de los mayores auspiciantes de la feria), destacó la nacionalización de YPF, reivindicó el modelo. Por suerte, los parlantes estaban al máximo volumen, para que toda la feria lo escuchara. Hay que tener huevos para ser vicepresidente en este país. Lo banco por eso.
Subte línea D
Cansado de tanto pan relleno, fui con Pablito (mi amigo violinista) a tocar a los vagones del subte D para sacar unos mangos vespertinos. Practicamos Volver, de Gardel y Le Pera, Amoroso (Choro) y Tico tico no fuba (tonadas brasileñas) y, en parte, un standard: Sweet Georgia Brown.
Lo encontré en Catedral a las 19. Yendo hacia allí me crucé a los colectiveros del 60 que cortaban Callao. Más adelante, cruzando la legislatura porteña, los docentes protestaban contra el cierre de grados en la Ciudad.
Trabajar/no trabajar (Bataille y Baudelaire)
Feo no tener trabajo; aunque tener es peor. Una creencia común en los jóvenes desocupados, a quienes más cuesta insertarse en el mundo laboral, es: "no sirvo para trabajar". La justificación de este axioma tiene ya más de un siglo en los poetas malditos francesas.
En La Literatura y el mal, Bataille retoma una carta que escribe Baudelaire a su madre. En ella, explica que se le demostró que realmente podía ganar dinero "pero los desórdenes precedentes, una miseria incesante, un nuevo déficit que superar, la disminución de la energía por las pequeñas preocupaciones y, por último, para decirlo todo, mi tendencia a la ensoñación, lo estropearon todo". El poeta maldito se resigna y desesperanza, en una Francia con burguesía en plenitud, por su tendencia a la ensoñación que lo aleja de la vida material. Baudelaire era poeta dandy: vivía una realidad platónica, la cual le impedía preocuparse por su situación económica.
Baudelaire escribe en su diario íntimo: "somos aplastados por la idea y la sensación del tiempo. Y no hay más que dos medios para escapar a esa pesadilla -para olvidar: el placer o el trabajo. El placer nos desgasta. El trabajo nos fortalece. Elijamos". Baudelaire eligió el placer. Yo elijo vender panes rellenos en las plazas.
Bataille concluye: "el placer es la forma positiva de la vida sensible: no podemos experimentarlo sin un gasto improductivo de nuestros recursos (nos desgasta). En cambio el trabajo es el modo de la actividad: tiene como efecto el aumento de nuestros recursos (fortalece). El trabajo responde a la preocupación por el mañana, el placer, la del instante presente. El trabajo es inútil y satisface; el placer, inútil: deja un sentimiento de insatisfacción. Estas consideraciones sitúan la economía en la base de la moral, la sitúan en la base de la poesía".
La antítesis trabajo-placer lleva a pensar lo siguiente: el trabajo es moral, aumenta recursos materiales y financieros y ayuda al planeamiento de un futuro; la poesía es placer, inmoral y presente.
¿No dice Saramago "cuida tu presente, que en él vivirás el resto de tu vida?
Disiento en este último punto. Presente no es sino reminiscencia de pasado. No existe presente sino pensado un punto futuro. No hay realidad si no es narrada, comentada, charlada, chateada, confesada o desmentida.
Para terminar, quería retomar un último "encadenamiento de razonamientos" (así llaman los filósofos al buen chamullo) de Bataille, cuyo objetivo primero y último era bardear a Sartre, quien una vez lo acusó de místico. Dice que Baudelaire "ni siquiera puede decidir si la oposición es suya propia, interna (la del placer y el trabajo), o exterior (la de Dios y el diablo); lo que triunfa en él es el rechazo a trabajar y por tanto a ser satisfecho". Como Baudelaire, yo eligo no trabajar; las empresas y el estado eligen no contratarme; elijo a Satán, y el trabajo (Dios) eligió no tenerme en cuenta en su administración divina. Bien por él. Yo me levanto y digo: "me voy a vender pan relleno y a escribir poesía", ya veremos quién gana.
ELEVACIÓN
Por encima de estanques, por encima de valles,
De montañas y bosques, de mares y de nubes,
Más allá de los soles, más allá de los éteres,
Más allá del confín de estrelladas esferas,
Te desplazas, mi espíritu, con toda agilidad
Y como un nadador que se extasía en las olas,
Alegremente surcas la inmensidad profunda
Con voluptuosidad indecible y viril.
Escápate muy lejos de estos mórbidos miasmas,
Sube a purificarte al aire superior
Y apura, como un noble y divino licor,
La luz clara que inunda los límpidos espacios.
Detrás de los hastíos y los hondos pesares
Que abruman con su peso la neblinosa vida,
¡Feliz aquel que puede con brioso aleteo
Lanzarse hacia los campos luminosos y calmos!
Aquel cuyas ideas, cual si fueran alondras,
Levantan hacia el cielo matutino su vuelo
-¡Que planea sobre todo, y sabe sin esfuerzo,
La lengua de las flores y de las cosas mudas!
En La Literatura y el mal, Bataille retoma una carta que escribe Baudelaire a su madre. En ella, explica que se le demostró que realmente podía ganar dinero "pero los desórdenes precedentes, una miseria incesante, un nuevo déficit que superar, la disminución de la energía por las pequeñas preocupaciones y, por último, para decirlo todo, mi tendencia a la ensoñación, lo estropearon todo". El poeta maldito se resigna y desesperanza, en una Francia con burguesía en plenitud, por su tendencia a la ensoñación que lo aleja de la vida material. Baudelaire era poeta dandy: vivía una realidad platónica, la cual le impedía preocuparse por su situación económica.
Baudelaire escribe en su diario íntimo: "somos aplastados por la idea y la sensación del tiempo. Y no hay más que dos medios para escapar a esa pesadilla -para olvidar: el placer o el trabajo. El placer nos desgasta. El trabajo nos fortalece. Elijamos". Baudelaire eligió el placer. Yo elijo vender panes rellenos en las plazas.
Bataille concluye: "el placer es la forma positiva de la vida sensible: no podemos experimentarlo sin un gasto improductivo de nuestros recursos (nos desgasta). En cambio el trabajo es el modo de la actividad: tiene como efecto el aumento de nuestros recursos (fortalece). El trabajo responde a la preocupación por el mañana, el placer, la del instante presente. El trabajo es inútil y satisface; el placer, inútil: deja un sentimiento de insatisfacción. Estas consideraciones sitúan la economía en la base de la moral, la sitúan en la base de la poesía".
La antítesis trabajo-placer lleva a pensar lo siguiente: el trabajo es moral, aumenta recursos materiales y financieros y ayuda al planeamiento de un futuro; la poesía es placer, inmoral y presente.
¿No dice Saramago "cuida tu presente, que en él vivirás el resto de tu vida?
Disiento en este último punto. Presente no es sino reminiscencia de pasado. No existe presente sino pensado un punto futuro. No hay realidad si no es narrada, comentada, charlada, chateada, confesada o desmentida.
Para terminar, quería retomar un último "encadenamiento de razonamientos" (así llaman los filósofos al buen chamullo) de Bataille, cuyo objetivo primero y último era bardear a Sartre, quien una vez lo acusó de místico. Dice que Baudelaire "ni siquiera puede decidir si la oposición es suya propia, interna (la del placer y el trabajo), o exterior (la de Dios y el diablo); lo que triunfa en él es el rechazo a trabajar y por tanto a ser satisfecho". Como Baudelaire, yo eligo no trabajar; las empresas y el estado eligen no contratarme; elijo a Satán, y el trabajo (Dios) eligió no tenerme en cuenta en su administración divina. Bien por él. Yo me levanto y digo: "me voy a vender pan relleno y a escribir poesía", ya veremos quién gana.
ELEVACIÓN
Por encima de estanques, por encima de valles,
De montañas y bosques, de mares y de nubes,
Más allá de los soles, más allá de los éteres,
Más allá del confín de estrelladas esferas,
Te desplazas, mi espíritu, con toda agilidad
Y como un nadador que se extasía en las olas,
Alegremente surcas la inmensidad profunda
Con voluptuosidad indecible y viril.
Escápate muy lejos de estos mórbidos miasmas,
Sube a purificarte al aire superior
Y apura, como un noble y divino licor,
La luz clara que inunda los límpidos espacios.
Detrás de los hastíos y los hondos pesares
Que abruman con su peso la neblinosa vida,
¡Feliz aquel que puede con brioso aleteo
Lanzarse hacia los campos luminosos y calmos!
Aquel cuyas ideas, cual si fueran alondras,
Levantan hacia el cielo matutino su vuelo
-¡Que planea sobre todo, y sabe sin esfuerzo,
La lengua de las flores y de las cosas mudas!
A propósito del aumento en el ABL
Nuestro querido y gran jefe de Gobierno Mauricio Macri (¡indiscutiblemente elegido por más de un 60 por ciento de la población!) subió el ABL. Página 12 ejemplifica con el caso de un "propietario de un departamento de tres ambientes que pagaba 99,70 pesos anuales deberá abonar este año 600 pesos". Filmus acusa a Macri de que "sólo le interesa aumentar las tarifas, no hacerse cargo de los servicios públicos".
De la primera salida (segunda parte)
-No te preocupes -me dijo el buen hombre- me lo como igual.
-No, por favor, cómo te lo voy a vender si se me cayó al piso; dejá, te doy otro.
¡Qué momento de mierda! Mi primer pan relleno vendido yacía ahora tirado en la tierra, bajo el banco del comprador, en el Parque Centenario. Yo nervioso. Le dije que lo deje ahí como estaba, agarré uno al fondo del taper y se lo di.
-Gracias, ¿cuánto es?
-Doce pesitos -le dije levantando el que estaba en el piso-, éste me lo como yo -concluí, antes de soplarlo de cada lado y pegarle un mordisco. El buen hombre lo empezó a comer- Y, ¿está bueno?
-Todavía no llegué al relleno, pero la masa está bien.
-Bueno... gracias... que lo disfrutes.
Me fui a pescar otros peces. Una vieja leía el diario. "Hola, ¿no quiere un pan relleno: calabaza, capresse, jamón y queso?". "No, gracias", me contestó; pasé al siguiente: "Hola, ¿quiere un...", me tocaron el hombro de atrás.
-Disculpame -me decía el buen hombre devolviéndome el pan relleno-, pasa que soy vegetariano y este tiene jamón.
-Uhh, no te puedo creer, perdoname.
-No hay drama -me dijo el buen hombre y se fue.
¿Puedo ser tan idiota? Lo fui a buscar, agarrando los doce pesos.
-Tomá, no te lo voy a cobrar si no lo comés.
-No, no, dejá, está bien, yo no sabía que tenía...
-Por favor, ¿cómo te lo voy a cobrar? Tomá los doce pesos por favor.
-No te preocupés, quedátelos.
La situación me puso más tenso aún; quería que terminara el momento de mierda.
-Hagamos una cosa; tomá este -le mostré el que se me había caído y tenía un mordisco mío en la tapún.
-Bueno dale.
-Chau.
Mi primera venta había concluido. Se me había caído el pan relleno, arruiné el vegetarianismo de un buen hombre y se lo terminé cambiando por uno sucio y mordido por mí. Todo un fracaso, pero un fracaso con estilo.
Para relajarme me fui a visitar a mi amigo argelino Aminne, de quien me encargaré en posteos posteriores. Aproveché mi descanso para ordenar los panes. Los de calabaza estaban casi todos partidos por la mitad. "Ya fue, pensé, me los como yo", y puse uno sobre el taper. Mi almuerzo fue el pan de jamón y queso que me devolvió el buen hombre y uno de calabaza.
Salí otra vez a la marcha. Había varios panes que vender.
Decidí bajar el precio del pan ya al segundo que vendí, esto es algo importante a reflexionar. Seguí adelante.
Hice el Parque Centenario, vendí el que ya conté más uno más de jamón y queso al hijo de un hombre sentado en el césped, otro a una nenita que estaba con su abuela: la única del día que pidió de calabaza. Otro de jamón y queso a un grandulón de Atlanta que me dijo: "Caíste en el momento justo, me muero de hambre; están ricos eh". Por todos lados veía el libro que una hora antes me habían ido a regalar a la puerta de mi casa: "LA GRAN ESPERANZA".
A eso de las 14 arranqué para Parque Rivadavia. Di unas vueltas; vendí tres a una muchacha que tenía hambre y me sacó todo el cambio. Vendí uno de calabaza roto a un viejo linyera que, tras preguntarme lo que era y cuánto costaban, me ofreció cinco pesos, sin pronunciar palabras muy claras.
-Hagamos una cosa, señor -le dije- le doy este de calabaza que está roto. Disfrútelo.
Me sentí un poco mal vendiéndole a un vago de la calle, un pobre muerto de hambre, viejo y flaco, que vive yirando por las plazas. Pero bueh, así es el negocio, si uno quiere vivir de algo, no puede regalar nada, a menos que alguien con recursos lo banque.
A las 15 me fui a Plaza Irlanda con la bici por Rivadavia atravesando Primera Junta; el sol de otoño pegaba lindo en la tarde; yo me cagaba de calor. El taper ya no pesaba tanto; yo estaba bastante cansado. Me quedaban todavía algunos cuantos panes por vender, la mayoría rotos.

En Plaza Irlanda no me compraron ni uno. Después de dar la vuelta a la plaza, me di cuenta de que tenía unos grandes cayos en las plantas de los pies; me dolían las piernas, no había vendido ni la mitad de los panes.
Me subí a la bici y empecé a pedalear hasta mi casa. A la cuadra, se pinchó la rueda delantera, por culpa de un clavo gigante que la penetró sin piedad. Me faltaban cinco cuadras todavía, con el taper, mis cayos, el cansancio y el calor. Y aún me tenía por dichoso, pareciéndome que aquella era propia desgracia de vendedores de panes rellenos, y todo lo atribuía a la falta de mi bicicleta; y fue duro caminar las cinco cuadras, según tenía abrumado todo el cuerpo...
-No, por favor, cómo te lo voy a vender si se me cayó al piso; dejá, te doy otro.
¡Qué momento de mierda! Mi primer pan relleno vendido yacía ahora tirado en la tierra, bajo el banco del comprador, en el Parque Centenario. Yo nervioso. Le dije que lo deje ahí como estaba, agarré uno al fondo del taper y se lo di.
-Gracias, ¿cuánto es?
-Doce pesitos -le dije levantando el que estaba en el piso-, éste me lo como yo -concluí, antes de soplarlo de cada lado y pegarle un mordisco. El buen hombre lo empezó a comer- Y, ¿está bueno?
-Todavía no llegué al relleno, pero la masa está bien.
-Bueno... gracias... que lo disfrutes.
Me fui a pescar otros peces. Una vieja leía el diario. "Hola, ¿no quiere un pan relleno: calabaza, capresse, jamón y queso?". "No, gracias", me contestó; pasé al siguiente: "Hola, ¿quiere un...", me tocaron el hombro de atrás.
-Disculpame -me decía el buen hombre devolviéndome el pan relleno-, pasa que soy vegetariano y este tiene jamón.
-Uhh, no te puedo creer, perdoname.
-No hay drama -me dijo el buen hombre y se fue.
¿Puedo ser tan idiota? Lo fui a buscar, agarrando los doce pesos.
-Tomá, no te lo voy a cobrar si no lo comés.
-No, no, dejá, está bien, yo no sabía que tenía...
-Por favor, ¿cómo te lo voy a cobrar? Tomá los doce pesos por favor.
-No te preocupés, quedátelos.
La situación me puso más tenso aún; quería que terminara el momento de mierda.
-Hagamos una cosa; tomá este -le mostré el que se me había caído y tenía un mordisco mío en la tapún.
-Bueno dale.
-Chau.
Mi primera venta había concluido. Se me había caído el pan relleno, arruiné el vegetarianismo de un buen hombre y se lo terminé cambiando por uno sucio y mordido por mí. Todo un fracaso, pero un fracaso con estilo.
Para relajarme me fui a visitar a mi amigo argelino Aminne, de quien me encargaré en posteos posteriores. Aproveché mi descanso para ordenar los panes. Los de calabaza estaban casi todos partidos por la mitad. "Ya fue, pensé, me los como yo", y puse uno sobre el taper. Mi almuerzo fue el pan de jamón y queso que me devolvió el buen hombre y uno de calabaza.
Salí otra vez a la marcha. Había varios panes que vender.
Decidí bajar el precio del pan ya al segundo que vendí, esto es algo importante a reflexionar. Seguí adelante.
Hice el Parque Centenario, vendí el que ya conté más uno más de jamón y queso al hijo de un hombre sentado en el césped, otro a una nenita que estaba con su abuela: la única del día que pidió de calabaza. Otro de jamón y queso a un grandulón de Atlanta que me dijo: "Caíste en el momento justo, me muero de hambre; están ricos eh". Por todos lados veía el libro que una hora antes me habían ido a regalar a la puerta de mi casa: "LA GRAN ESPERANZA".
A eso de las 14 arranqué para Parque Rivadavia. Di unas vueltas; vendí tres a una muchacha que tenía hambre y me sacó todo el cambio. Vendí uno de calabaza roto a un viejo linyera que, tras preguntarme lo que era y cuánto costaban, me ofreció cinco pesos, sin pronunciar palabras muy claras.
-Hagamos una cosa, señor -le dije- le doy este de calabaza que está roto. Disfrútelo.
Me sentí un poco mal vendiéndole a un vago de la calle, un pobre muerto de hambre, viejo y flaco, que vive yirando por las plazas. Pero bueh, así es el negocio, si uno quiere vivir de algo, no puede regalar nada, a menos que alguien con recursos lo banque.
A las 15 me fui a Plaza Irlanda con la bici por Rivadavia atravesando Primera Junta; el sol de otoño pegaba lindo en la tarde; yo me cagaba de calor. El taper ya no pesaba tanto; yo estaba bastante cansado. Me quedaban todavía algunos cuantos panes por vender, la mayoría rotos.
En Plaza Irlanda no me compraron ni uno. Después de dar la vuelta a la plaza, me di cuenta de que tenía unos grandes cayos en las plantas de los pies; me dolían las piernas, no había vendido ni la mitad de los panes.
Me subí a la bici y empecé a pedalear hasta mi casa. A la cuadra, se pinchó la rueda delantera, por culpa de un clavo gigante que la penetró sin piedad. Me faltaban cinco cuadras todavía, con el taper, mis cayos, el cansancio y el calor. Y aún me tenía por dichoso, pareciéndome que aquella era propia desgracia de vendedores de panes rellenos, y todo lo atribuía a la falta de mi bicicleta; y fue duro caminar las cinco cuadras, según tenía abrumado todo el cuerpo...
De la primera salida (primera parte)
Finalmente, me largué. Anoche preparé los rellenos: salteé al wok dos cebollas cortadas a la brunua, rallé una zanahoria y piqué un par de ajos; herví un anco guardando las semillas para tostarlas y pegarlas en los panes. Guardé todo en tapers y a la heladera.
Corté tomate, albahaca y mozzarella y a otro taper. Corté jamón y aceitunas verdes y a otro taper.
En un bol puse levadura, agua, azúcar, sal, un kilo de harina, aceite, y a mezclar. Lo dejé
levando toda la noche.
Me levanté a las diez y corté la masa en bollos y me senté con el mate a saborear unas tostadas con manteca y mermelada.
A las once puse una playlist de la negra y a armar los panes. Primero, capresse. Sonó el timbre, ¿quién podía ser? Fui a la puerta, corrí la cortina y a través del vidrio vi una muchacha joven con un pibito de boca. Me mostraba un libro. Abrí.
Hola, estamos promoviendo la lectura y te queríamos dejar un libro y pedirte una foto con él para promover la campaña.
-Eh... a ver, dale -dije sonriendo.
Me acercó el libro: "LA GRAN ESPERANZA" decía el título, sobre una especie de atardecer visto desde el espacio, el sol arriba en el centro esparcía sus rayos sobre el planeta. Abajo había fotos de derrumbes, pobreza, una chica con un barbijo...
-Ponete que les saco una foto nene, dale -le dijo la muchacha al pibe.
El pibe se puso y nos sacó una foto. "Muchas gracias". "Gracias, chau".
Doce menos diez terminé los panes. Antes me bañé, para que después no me digan hippie sucio. Cinco capresse, cinco de jamón y queso y ocho de calabaza y queso. No se veían nada mal. Un poco bastante largos nomás. Parecían flautas, con las semillitas de zapallo alineadas en la superficie. Los metí en el gran taper redondo que me cedió mi madre. Primero cinco abajo de todo, los tapé doblando el repasador, después cinco de jamón y queso, otro doblez del repasador, los ocho de calabaza arriba de todo y tapé todo con el mismo gigantesco repasador, que ya parecía ser un mantel.
Era la una. Metí el taper en el canasto de la bici y disparé para el Parque Centenario. Empecé a ofrecerle a la gente sentada en el pasto. Primero un grupo de hippies (los hippies -pensé- me van a comprar).
-Disculpen ¿les gustaría un pan relleno?
-Estamos ensayando, pasate en un rato -me dijo una chica.
Saludé y seguí. La verdad, muy amable la gente. Todxs me dieron las gracias, todxs me sonrieron.
Finalmente, alguien aceptó. Sentado en un banco, el buen hombre miraba el lago.
-¿De qué tenés?
-Calabaza, jamón y queso o capresse.
-Uno de capresse.
Apoyé el taper en el banco, lo destapé y recordé que los de capresse estaban abajo de todo. Corrí los de arriba, no sin darme cuenta de que había un par fisurados por ser tan finitos. Estuve un rato tratando de encontrar la forma de sacar los de abajo.
-Te pedí los más dificiles -me dijo el hombre.
Estaba nervioso; mi primera venta de pan relleno. Para colmo me di cuenta de la terrible boludez que fue poner los panes de capresse abajo de todo y tan difíciles de sacar. Me cansé un poco de correr los panes para un lado y para el otro, pero saqué uno de abajo de todo, se lo mostré: ahí estaba el pan relleno brillando al mediodía. "Todo un logro, -pensaba-, mi primera venta; por muchas y muchas más", y me dispuse a alcanzárselo, cuando el guacho se me resbaló de la mano y cayó directamente a la tierra abajo del banco. ¡Qué rabia! ¡Cuánta torpeza! ¡Qué pelotudo fui! Todo culpa de los nervios, de mi ansiedad y de mi estupidez. Pero bueh, como a Scheherezada, me está dando sueño, mañana, si dios quiere, sigo. (Cotinuará...)
Corté tomate, albahaca y mozzarella y a otro taper. Corté jamón y aceitunas verdes y a otro taper.
En un bol puse levadura, agua, azúcar, sal, un kilo de harina, aceite, y a mezclar. Lo dejé
levando toda la noche.
Me levanté a las diez y corté la masa en bollos y me senté con el mate a saborear unas tostadas con manteca y mermelada.
A las once puse una playlist de la negra y a armar los panes. Primero, capresse. Sonó el timbre, ¿quién podía ser? Fui a la puerta, corrí la cortina y a través del vidrio vi una muchacha joven con un pibito de boca. Me mostraba un libro. Abrí.
Hola, estamos promoviendo la lectura y te queríamos dejar un libro y pedirte una foto con él para promover la campaña.
-Eh... a ver, dale -dije sonriendo.
Me acercó el libro: "LA GRAN ESPERANZA" decía el título, sobre una especie de atardecer visto desde el espacio, el sol arriba en el centro esparcía sus rayos sobre el planeta. Abajo había fotos de derrumbes, pobreza, una chica con un barbijo...
-Ponete que les saco una foto nene, dale -le dijo la muchacha al pibe.
El pibe se puso y nos sacó una foto. "Muchas gracias". "Gracias, chau".
Doce menos diez terminé los panes. Antes me bañé, para que después no me digan hippie sucio. Cinco capresse, cinco de jamón y queso y ocho de calabaza y queso. No se veían nada mal. Un poco bastante largos nomás. Parecían flautas, con las semillitas de zapallo alineadas en la superficie. Los metí en el gran taper redondo que me cedió mi madre. Primero cinco abajo de todo, los tapé doblando el repasador, después cinco de jamón y queso, otro doblez del repasador, los ocho de calabaza arriba de todo y tapé todo con el mismo gigantesco repasador, que ya parecía ser un mantel.
Era la una. Metí el taper en el canasto de la bici y disparé para el Parque Centenario. Empecé a ofrecerle a la gente sentada en el pasto. Primero un grupo de hippies (los hippies -pensé- me van a comprar).
-Disculpen ¿les gustaría un pan relleno?
-Estamos ensayando, pasate en un rato -me dijo una chica.
Saludé y seguí. La verdad, muy amable la gente. Todxs me dieron las gracias, todxs me sonrieron.
Finalmente, alguien aceptó. Sentado en un banco, el buen hombre miraba el lago.
-¿De qué tenés?
-Calabaza, jamón y queso o capresse.
-Uno de capresse.
Apoyé el taper en el banco, lo destapé y recordé que los de capresse estaban abajo de todo. Corrí los de arriba, no sin darme cuenta de que había un par fisurados por ser tan finitos. Estuve un rato tratando de encontrar la forma de sacar los de abajo.
-Te pedí los más dificiles -me dijo el hombre.
Estaba nervioso; mi primera venta de pan relleno. Para colmo me di cuenta de la terrible boludez que fue poner los panes de capresse abajo de todo y tan difíciles de sacar. Me cansé un poco de correr los panes para un lado y para el otro, pero saqué uno de abajo de todo, se lo mostré: ahí estaba el pan relleno brillando al mediodía. "Todo un logro, -pensaba-, mi primera venta; por muchas y muchas más", y me dispuse a alcanzárselo, cuando el guacho se me resbaló de la mano y cayó directamente a la tierra abajo del banco. ¡Qué rabia! ¡Cuánta torpeza! ¡Qué pelotudo fui! Todo culpa de los nervios, de mi ansiedad y de mi estupidez. Pero bueh, como a Scheherezada, me está dando sueño, mañana, si dios quiere, sigo. (Cotinuará...)
Preocupaciones de una madre
Ayer fui a lo de mis viejos a buscar una canasta donde llevar los panes. Voy a tratar de reproducir el discurso de mi madre.
-Ma, ¿no tenés una canasta?
-¿Una canasta?
-Sí, una canasta.
-¿Para qué?
-¿Tenés o no tenés una canasta?
-Sí, pero para qué la querés.
-Para transportar panes.
-¿Conseguiste trabajo llevando pan?
-Algo así.
-¿Cómo "algo así"?
-Voy a vender pan relleno.
-¿Vas a vender pan relleno? ¿En dónde?
-No sé, en las plazas.
-Y quién los va a hacer.
-Yo.
Aquí comienza el discurso de mi querida y santa madre:
¡Qué! ¡¿Pero vos estás loco?! Te puede agarrar una inspección de "desodorización". ¡No puedo creer lo que estás diciendo! ¡¿Cómo vas a vender pan relleno?! ¿Qué pasa si envenenás a alguien y te hacen una denuncia? ¿Quién se va a hacer responsable? Me estás cargando ¿no?, no lo puedo creer.
(tomó un poco de aire y siguió)
Pero si vos estás para hacer cosas mucho más importantes. Cómo te vas a poner a cocinar y vender pan. Parece una joda lo que me decís. Vos estás para dar clases de literatura. Qué vas a hacer como los paraguayos que tienen que vender chipá en la calle. Te podés conseguir un montón de trabajos mejores y te vas a poner a vender pan. Podrías ser profesor de literatura, trabajar en museos, en bibliotecas. Mirá si envenenás alguien. No te lo permito, ¿me escuchaste?; no.
-Bueno, má, ¿me das un canasto?
-Ni en pedo.
Como verán, mis padres siempre me apoyaron en todo. Por suerte, con 25 años, sé que toda esta simulación no tiene mayor función que mentirse a sí misma y a mí.
Similar fue cuando le dije que quería ser maestro en escuelas públicas, empleo que, por un cuelgue en lo que es el conurbano y una legislación "compleja" (deficiente) en la Ciudad, que dificulta la inserción docente en la educación pública a aquellos que ya tienen un buen porcentaje de una carrera, incluidas las materias de profesorado, tuve que descartar.
Finalmente le saqué un taper gigante; espero, me sirva.
Ahora me voy a hacer los rellenos y dejar la masa levando. Mañana me largo a vender los panes.
Ya contaré cómo me va.
Hasta la próxima...
-Ma, ¿no tenés una canasta?
-¿Una canasta?
-Sí, una canasta.
-¿Para qué?
-¿Tenés o no tenés una canasta?
-Sí, pero para qué la querés.
-Para transportar panes.
-¿Conseguiste trabajo llevando pan?
-Algo así.
-¿Cómo "algo así"?
-Voy a vender pan relleno.
-¿Vas a vender pan relleno? ¿En dónde?
-No sé, en las plazas.
-Y quién los va a hacer.
-Yo.
Aquí comienza el discurso de mi querida y santa madre:
¡Qué! ¡¿Pero vos estás loco?! Te puede agarrar una inspección de "desodorización". ¡No puedo creer lo que estás diciendo! ¡¿Cómo vas a vender pan relleno?! ¿Qué pasa si envenenás a alguien y te hacen una denuncia? ¿Quién se va a hacer responsable? Me estás cargando ¿no?, no lo puedo creer.
(tomó un poco de aire y siguió)
Pero si vos estás para hacer cosas mucho más importantes. Cómo te vas a poner a cocinar y vender pan. Parece una joda lo que me decís. Vos estás para dar clases de literatura. Qué vas a hacer como los paraguayos que tienen que vender chipá en la calle. Te podés conseguir un montón de trabajos mejores y te vas a poner a vender pan. Podrías ser profesor de literatura, trabajar en museos, en bibliotecas. Mirá si envenenás alguien. No te lo permito, ¿me escuchaste?; no.
-Bueno, má, ¿me das un canasto?
-Ni en pedo.
Como verán, mis padres siempre me apoyaron en todo. Por suerte, con 25 años, sé que toda esta simulación no tiene mayor función que mentirse a sí misma y a mí.
Similar fue cuando le dije que quería ser maestro en escuelas públicas, empleo que, por un cuelgue en lo que es el conurbano y una legislación "compleja" (deficiente) en la Ciudad, que dificulta la inserción docente en la educación pública a aquellos que ya tienen un buen porcentaje de una carrera, incluidas las materias de profesorado, tuve que descartar.
Finalmente le saqué un taper gigante; espero, me sirva.
Ahora me voy a hacer los rellenos y dejar la masa levando. Mañana me largo a vender los panes.
Ya contaré cómo me va.
Hasta la próxima...
Una solución hippie
Varias razones me llevan a abrir este blog:
Rechazado y auto excluido finalmente por el mundo laboral, el drama de mi vida se resume ahora a una simple función: conseguir guita. Quiero cenar con un buen tinto a diario, ir de vez en cuando al cine, comprar revistas, poder hacer regalos de cumpleaños, etc.
Por eso, hasta que una empresa, el estado, o un particular, se digne a contratarme, pagarme lo justo y mantenerme más de tres meses, largo con este emprendimiento.
Vender pan relleno. El otro día hice una prueba. Fui al Día, compré levadura, harina, tomates, cebolla, una calabaza, jamón (en realidad se llamaba "fiambre de cerdo" y era una especie de paleta) y queso. Amasé, dejé levar, corté en bollos. Hice los rellenos: salteé las cebollas con un ajo, corté tomate, puse a hervir la calabaza y voila: seis panes rellenos de calabaza con queso y seis de jamón tomate y queso.
"Riquísimos", según el amigo L, el único que los probó frescos. Con uno ya estábamos llenos, pero para poder saborearlos con más detalle me mandé como tres o cuatro.
No estaban mal. He comprado cosas peores, especialmente en el rubro dvds truchos. Más nutritivo que un chori, aunque el chori suele ser algo inevitable. Me voy a dedicar a venderlos. En bici al mediodía, por varias escuelas, Parque Centenario, Parque Rivadavia, Plaza Irlanda, Plaza Houssai.
No sé si me irá bien. Nunca probé, nunca lo hice. Nunca vendí nada.
Tal vez me vaya bien: puede que empiece vendiendo varios, después suba los precios, ahorre una pequeña fortuna, compre un horno industrial, contrate un par de empleados por el mínimo sueldo, me haga rico, forje un imperio de panes relleno con varias fábricas. Compre alguna esposa de medio oriente, ¡qué digo una esposa!, ¡un harén!. Y no me voy a dignar a mirar a ninguna de ellas a la cara. No, señor. Demostraré superioridad ante cada ser humano con el que hable, después de todo, seré el emperador de panes rellenos.
Puede que me pase lo que al quinto hijo del barbero y se me quemen los primeros panes y me quede en la lona.
Quizás, como dice Groucho Marx, "partiendo de la nada, alcance las más altas miserias".
De todas formas voy a obligarme a hacerlo, digo, a vender pan relleno, para poder escribirlo y me voy a comprometer a escribirlo para poder venderlos.
Estoy pobre, pero floreciendo. Paso hambre, pero es otoño y sin dudas, estoy florenciendo y pronto, muy pronto, voy a cosechar toda esta siembra.
Rechazado y auto excluido finalmente por el mundo laboral, el drama de mi vida se resume ahora a una simple función: conseguir guita. Quiero cenar con un buen tinto a diario, ir de vez en cuando al cine, comprar revistas, poder hacer regalos de cumpleaños, etc.
Por eso, hasta que una empresa, el estado, o un particular, se digne a contratarme, pagarme lo justo y mantenerme más de tres meses, largo con este emprendimiento.
Vender pan relleno. El otro día hice una prueba. Fui al Día, compré levadura, harina, tomates, cebolla, una calabaza, jamón (en realidad se llamaba "fiambre de cerdo" y era una especie de paleta) y queso. Amasé, dejé levar, corté en bollos. Hice los rellenos: salteé las cebollas con un ajo, corté tomate, puse a hervir la calabaza y voila: seis panes rellenos de calabaza con queso y seis de jamón tomate y queso.
"Riquísimos", según el amigo L, el único que los probó frescos. Con uno ya estábamos llenos, pero para poder saborearlos con más detalle me mandé como tres o cuatro.
No estaban mal. He comprado cosas peores, especialmente en el rubro dvds truchos. Más nutritivo que un chori, aunque el chori suele ser algo inevitable. Me voy a dedicar a venderlos. En bici al mediodía, por varias escuelas, Parque Centenario, Parque Rivadavia, Plaza Irlanda, Plaza Houssai.
No sé si me irá bien. Nunca probé, nunca lo hice. Nunca vendí nada.
Tal vez me vaya bien: puede que empiece vendiendo varios, después suba los precios, ahorre una pequeña fortuna, compre un horno industrial, contrate un par de empleados por el mínimo sueldo, me haga rico, forje un imperio de panes relleno con varias fábricas. Compre alguna esposa de medio oriente, ¡qué digo una esposa!, ¡un harén!. Y no me voy a dignar a mirar a ninguna de ellas a la cara. No, señor. Demostraré superioridad ante cada ser humano con el que hable, después de todo, seré el emperador de panes rellenos.
Puede que me pase lo que al quinto hijo del barbero y se me quemen los primeros panes y me quede en la lona.
Quizás, como dice Groucho Marx, "partiendo de la nada, alcance las más altas miserias".
De todas formas voy a obligarme a hacerlo, digo, a vender pan relleno, para poder escribirlo y me voy a comprometer a escribirlo para poder venderlos.
Estoy pobre, pero floreciendo. Paso hambre, pero es otoño y sin dudas, estoy florenciendo y pronto, muy pronto, voy a cosechar toda esta siembra.
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