De la primera salida (primera parte)

Finalmente, me largué. Anoche preparé los rellenos: salteé al wok dos cebollas cortadas a la brunua, rallé una zanahoria y piqué un par de ajos; herví un anco guardando las semillas para tostarlas y pegarlas en los panes. Guardé todo en tapers y a la heladera.

Corté tomate, albahaca y mozzarella y a otro taper. Corté jamón y aceitunas verdes y a otro taper.
En un bol puse levadura, agua, azúcar, sal, un kilo de harina, aceite, y a mezclar. Lo dejé
levando toda la noche.

Me levanté a las diez y corté la masa en bollos y me senté con el mate a saborear unas tostadas con manteca y mermelada.
A las once puse una playlist de la negra y a armar los panes. Primero, capresse. Sonó el timbre, ¿quién podía ser? Fui a la puerta, corrí la cortina y a través del vidrio vi una muchacha joven con un pibito de boca. Me mostraba un libro. Abrí.
Hola, estamos promoviendo la lectura y te queríamos dejar un libro y pedirte una foto con él para promover la campaña.

-Eh... a ver, dale -dije sonriendo.

Me acercó el libro: "LA GRAN ESPERANZA" decía el título, sobre una especie de atardecer visto desde el espacio, el sol arriba en el centro esparcía sus rayos sobre el planeta. Abajo había fotos de derrumbes, pobreza, una chica con un barbijo...


-Ponete que les saco una foto nene, dale -le dijo la muchacha al pibe.


El pibe se puso y nos sacó una foto. "Muchas gracias". "Gracias, chau".


Doce menos diez terminé los panes. Antes me bañé, para que después no me digan hippie sucio. Cinco capresse, cinco de jamón y queso y ocho de calabaza y queso.  No se veían nada mal. Un poco bastante largos nomás. Parecían flautas, con las semillitas de zapallo alineadas en la superficie. Los metí en el gran taper redondo que me cedió mi madre. Primero cinco abajo de todo, los tapé doblando el repasador, después cinco de jamón y queso, otro doblez del repasador, los ocho de calabaza arriba de todo y tapé todo con el mismo gigantesco repasador, que ya parecía ser un mantel.     


Era la una. Metí el taper en el canasto de la bici y disparé para el Parque Centenario. Empecé a ofrecerle a la gente sentada en el pasto. Primero un grupo de hippies (los hippies -pensé- me van a comprar).


-Disculpen ¿les gustaría un pan relleno?
-Estamos ensayando, pasate en un rato -me dijo una chica. 
Saludé y seguí. La verdad, muy amable la gente. Todxs me dieron las gracias, todxs me sonrieron. 


Finalmente, alguien aceptó. Sentado en un banco, el buen hombre miraba el lago. 


-¿De qué tenés?
-Calabaza, jamón y queso o capresse.
-Uno de capresse. 


Apoyé el taper en el banco, lo destapé y recordé que los de capresse estaban abajo de todo. Corrí los de arriba, no sin darme cuenta de que había un par fisurados por ser tan finitos. Estuve un rato tratando de encontrar la forma de sacar los de abajo.


-Te pedí los más dificiles -me dijo el hombre.


Estaba nervioso; mi primera venta de pan relleno. Para colmo me di cuenta de la terrible boludez que fue poner los panes de capresse abajo de todo y tan difíciles de sacar. Me cansé un poco de correr los panes para un lado y para el otro, pero saqué uno de abajo de todo, se lo mostré: ahí estaba el pan relleno brillando al mediodía. "Todo un logro, -pensaba-, mi primera venta; por muchas y muchas más", y me dispuse a alcanzárselo, cuando el guacho se me resbaló de la mano y cayó directamente a la tierra abajo del banco. ¡Qué rabia! ¡Cuánta torpeza! ¡Qué pelotudo fui! Todo culpa de los nervios, de mi ansiedad y de mi estupidez. Pero bueh, como a Scheherezada, me está dando sueño, mañana, si dios quiere, sigo. (Cotinuará...)

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