Elefante blanco

Muchas cosas se le objetan al cine de Pablo Trapero: 1. que a pesar de la acción y la velocidad, sus películas son tristes; 2. que la pobreza se ve desde la perspectiva de quien no la sufre, es decir, desde afuera; 3. que no denuncia el verdadero fin represivo de las instituciones; 4. que, a diferencia de la protagonista femenina, sus guiones no presentan grandes curvas, no señalan una salida a la injusticia social, ni a la lucha entre las personas, solo expresan el sufrimiento irredimible; 5. que muestra una imagen ingenua y demonizante de "el/la  pobre" y 6. que es pesimista.

Sobre la primera y la última no hay mucho que decir: cada quien es como es, los cineastas optimistas hacen películas felices y comedias románticas.


La segunda no es del todo cierta: el relato de Carancho está centrado en los responsables (abogado y enfermera) de los hechos: una es víctima de la realidad degradada que viven, el otro es causa. En Leonera, es verdadla protagonista viene de la clase media, pero se termina fundiendo con el entorno de emergencia carcelario en el que está encerrada: un movimiento de ingreso y asimilación metaforizado en su decisión de teñirse del pelo (al llegar, le dicen "rubia"; al salir, madre de un niño de cinco años, es castaña oscuro).

La tercera objeción es más complicada de analizar porque acarrea discusiones ideológicas acerca de la función de las instituciones y sobre esta materia (como sucede con los gustos), o no hay nada escrito, o ya se escribió todo; solo falta leer, discutir y vivir de acuerdo a las conclusiones.

Los guiones -a diferencia de Gusmán- pueden ser planos en cuanto que los hechos que suceden no cambian ni la actitud de los personajes ni el estado normal de las cosas, sin embargo, el foco muchas veces está puesto en la contradicción interna de los personajes: los protagonistas de Elefante Blanco así como la camillera de Carancho se lamentan constantemente por trabajar en los más miserables lugares y tener que lidiar con la violencia cotidiana, el narcotráfico, las armas, los accidentes de tránsito, la policía, etc. y ahí (en la conciencia de sus héroes de tener que hacer el trabajo sucio, constantemente complicados por la burocracia moderna) aparece el centro de la cuestión.               

La quinta objeción viene del más intelectualoide ámbito académico. Por qué contestarle a marxistas que se desayunan café con leche y media docena de medialunas todas las mañanas, servidos de sus mucamas. Para mostrar la pobreza, alcanza con filmar una tormenta y en la escena siguiente todo un barrio sumergido en el barro, sacando baldes y baldes de agua de sus casillas.

En Elefante Blanco, como en las anteriores, la cámara se mete en lugares en los que pocos se animan, para contar historias con la materia de nuestra vida tercermundista; con las mayorías; con el pueblo; con lxs pobres, lxs trabajadorxs, lxs negrxs, lxs presxs o como se le quiera llamar a los marginados del sistema.



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