Toallín (o cómo se lee hoy en día)

A Toallín (célebre personaje de la tira de dibujos animados South park) lo despiden de su trabajo de camarero en un restaurante chino y decide, para no quedar tan pobre, volverse escritor, escribir un libro sobre su vida y ofrecerlo a las editoriales. Comienza a escribir Un pequeño millón de fibras, su autobiografía, en la que explica que es una toalla que tiene vida gracias a un chip electrónico. "Lamento decirte que nunca nadie va a publicar tus memorias", le dice el editor desde su gran oficina céntrica. Y ante el porqué de Toallín: 


     -Por el simple y trivial hecho -le responde- de que a la gente no le interesan las autobiografías de las toallas. 
      -Pero quizás la gente lea mis memorias y aplique las lecciones a su vida.
      -No, no lo harán. Porque ellas son personas y vos sos una toalla.                     
      -¡Vos sos una toalla!
      -No. Yo soy un gran publicador de libros al que no le interesan tus insensibles memorias.

La discusión muestra cómo se publica y lee literatura: para satisfacer la necesidad personal de chusmerío. Leer un libro o un blog es como ver los programas de chimentos de la tarde. Leemos para saber la verdad de alguien, para conocer su intimidad, como si fuera un reallity show.

Un filósofo francés propuso en los sesenta una "comunidad donde los textos circulen libremente", sin un nombre, una foto y un relato de vida que los enmarque.

Que leamos, por ejemplo, Cartero, sin pensar que Chinasky es el "alter ego" de un gordo alcohólico que vivió, cogió y escribió en los últimos años de la Guerra Fría, sino que lo leamos disfrutando sus ideas y narraciones y pensando (si las hay y las encontramos) sus enseñanzas.

Toallín cambia en su autobiografía la palabra "toalla" por "persona" y "toallas" por "gente". Se pone un bigote falso y un sombrero y va con otro editor. El éxito está asegurado. Todos se sienten conmovidos por la autobiografía modificada de Toallín.

Al respecto, la aguafuerte porteña "No le pide nada el cuerpo" dice: "No se ha dado cuenta todavía de que si la gente lee, es porque espera encontrar la verdad del autor, no la verdad de todos los hombres. Y esa verdad es relativa... esa verdad es tan chiquita... que es necesario leer muchos libros para aprender a despreciarlos.”

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