Feo no tener trabajo; aunque tener es peor. Una creencia común en los jóvenes desocupados, a quienes más cuesta insertarse en el mundo laboral, es: "no sirvo para trabajar". La justificación de este axioma tiene ya más de un siglo en los poetas malditos francesas.
En La Literatura y el mal, Bataille retoma una carta que escribe Baudelaire a su madre. En ella, explica que se le demostró que realmente podía ganar dinero "pero los desórdenes precedentes, una miseria incesante, un nuevo déficit que superar, la disminución de la energía por las pequeñas preocupaciones y, por último, para decirlo todo, mi tendencia a la ensoñación, lo estropearon todo". El poeta maldito se resigna y desesperanza, en una Francia con burguesía en plenitud, por su tendencia a la ensoñación que lo aleja de la vida material. Baudelaire era poeta dandy: vivía una realidad platónica, la cual le impedía preocuparse por su situación económica.
Baudelaire escribe en su diario íntimo: "somos aplastados por la idea y la sensación del tiempo. Y no hay más que dos medios para escapar a esa pesadilla -para olvidar: el placer o el trabajo. El placer nos desgasta. El trabajo nos fortalece. Elijamos". Baudelaire eligió el placer. Yo elijo vender panes rellenos en las plazas.
Bataille concluye: "el placer es la forma positiva de la vida sensible: no podemos experimentarlo sin un gasto improductivo de nuestros recursos (nos desgasta). En cambio el trabajo es el modo de la actividad: tiene como efecto el aumento de nuestros recursos (fortalece). El trabajo responde a la preocupación por el mañana, el placer, la del instante presente. El trabajo es inútil y satisface; el placer, inútil: deja un sentimiento de insatisfacción. Estas consideraciones sitúan la economía en la base de la moral, la sitúan en la base de la poesía".
La antítesis trabajo-placer lleva a pensar lo siguiente: el trabajo es moral, aumenta recursos materiales y financieros y ayuda al planeamiento de un futuro; la poesía es placer, inmoral y presente.
¿No dice Saramago "cuida tu presente, que en él vivirás el resto de tu vida?
Disiento en este último punto. Presente no es sino reminiscencia de pasado. No existe presente sino pensado un punto futuro. No hay realidad si no es narrada, comentada, charlada, chateada, confesada o desmentida.
Para terminar, quería retomar un último "encadenamiento de razonamientos" (así llaman los filósofos al buen chamullo) de Bataille, cuyo objetivo primero y último era bardear a Sartre, quien una vez lo acusó de místico. Dice que Baudelaire "ni siquiera puede decidir si la oposición es suya propia, interna (la del placer y el trabajo), o exterior (la de Dios y el diablo); lo que triunfa en él es el rechazo a trabajar y por tanto a ser satisfecho". Como Baudelaire, yo eligo no trabajar; las empresas y el estado eligen no contratarme; elijo a Satán, y el trabajo (Dios) eligió no tenerme en cuenta en su administración divina. Bien por él. Yo me levanto y digo: "me voy a vender pan relleno y a escribir poesía", ya veremos quién gana.
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