Amor a ser robado (quinta entrega)


...Después de las 17 todo se iba calmando. El domingo 29, día previo al feriado sánguche, previo al día del trabajador, fue "la noche de la feria". Pedro Aznar dio un homenaje al Flaco Spineta. Solo escuché los bajos retumbando en toda la biblioteca, al lado del escenario.

A partir de las 21, miles de personas entraron gratis. Otras se quedaron afuera de la cantidad de gente que había. La feria "explotó de gente", según titularon algunos diarios al día siguiente. La biblioteca como toda la feria rebalsó, por lo que nos tuvimos que poner a restringir la entrada ante tanta cantidad de gente. Mi preocupación final era que a la gente no se le ocurriera guardar, por equivocación, algún libro en sus mochilas o sus carteras para llevárselo "por error" a sus casas.



Por lo que estuve pendiente varias horas mirando a la gente. Guardé el celular en el bolsillo por precaución porque Celeste siempre me dice que lo guarde y no lo deje en la mesita porque iba a pasar alguien... Fueron dos horas rápidas. Once menos veinte echamos a las tres o cuatro familias que quedaron sentadas en los sillones por falta de energía y ganas para obligar a sus hijas, hijos, sobrinas y sobrinos, a volver a casa. "Si no nos echaban no nos íbamos más", me decía una madre joven tras nuestro aviso de cerrar la biblitoeca. Nos quedamos ordenando un lugar que parecía haber sido atacado por el Katrina.

Cuando estuvimos dispuestos para irnos, dos cosas faltaban. La camperita azul del auspiciante con que me vestía en mi trabajo de empleado modelo, que me ponía cada vez que me sentaba enfrente del aire acondicionado. Y la birome.

Yo tan pendiente de que no se robaran los libros descuidé la camperita azul y la dejé en el piso bajo la mesita donde me sentaba a leer. Así pasa con todo lo que nos roban. Recién después de que nos lo roban nos damos cuenta de lo inocentes y torpes fuimos al no imaginar nunca que nos podrían robar de esa forma.

Al otro día al ir a firmar el libro, le comenté a la jefa lo que había pasado con la camperita. Obviamente a nadie le importaba. A mí tampoco, la verdad. Me hubiera gustado quedármela pero la tenía que devolver de todos modos. Finalmente se la llevó un visitante anónimo, espero alguien que de verdad la necesite.        

La birome también me la habían dado. Ese día todo era robo. Según mi jefa y algunos compañeros "hay gente que entra a la feria a robar cosas", "se robaron muchas cosas" y "se roban todo lo que pueden".

Mientras escribía, sentado contra la pared de la sala, en una hoja en blanco, un post para este blog, fui un segundo a la puerta a hablar con alguien y cuando volví a la mesita, faltaba la birome. Se la había llevado una señora gorda que entró con la hija y la nieta. Mientras me pasaba eso, una chica de veintitantos estaba llorando: le habían robado la cámara digital. Todo era robo.




No hay comentarios:

Publicar un comentario