Trabajo
Trabajar no hace feliz a nadie. No vengan con Marx ni Perón.
¿El trabajo constituye la esencia humana?
¡Por favor!
¿Somos trabajadores desde la especie?
¡No me haga reir!
Nadie es feliz por estar obligado a ir todos los días a un lugar a hacer algo. Seamos sinceros. Los que se regodean de ser "grandes trabajadores", no tienen mucho esfuerzo, ni están obligados a nada.
¿Quién no piensa casi a diario en enfermarse para poder quedarse todo el día en cama, como en la niñez o en la película La Fiaca, y no tener que viajar en el colectivo, subte, tren, o auto, con el tránsito desbordado, ver otra vez, como todos los días, a los mismos compañeros que nos miran mal?
Somos esclavos de nuestro estilo de vida. El rico por creer que ser rico es la única forma de felicidad, aunque sabe que en el fondo no es feliz, que las decisiones que tomó a lo largo de su vida, en un nivel profundo pesan en su conciencia.
El pobre tiene una familia que mantener, hijos y nietos que alimentar, debe cuidar su trabajo, donde lo explotan y desgastan en pocos años.
Hoy, día del trabajador, las cúpulas sindicales habrán organizado distintos actos para que los muchachos se sientan orgullosos.
Los trabajadores son la fuerza que mueve la inmesa rueda de la economía. Los políticos y administrativos son los gerentes que permiten, con falacias lingüísticas llamadas leyes escritas, y un organismo tan complejo como innecesario llamado burocracia, que aquella fuerza pueda ser explotada al máximo.
Algunos creen que esta contradicción llevará a una revolución inevitable. Otros -hoy son la mayoría-, que la revolución se está llevando a cabo desde hace una década.
Reniego de todas estas visiones. En mi caso, es el tercer día del trabajador consecutivo que trabajo ocho horas, y no hago tanto alarde.
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