Amor al libro (2da entrega)
En nuestro caso, con mi compañera tenemos un cuartito en el que nos metemos alternadamente. Visitas que duran entre diez y veinte minutos a comer un poco de ensalada o tomar un poco de gaseosa o un mate cocido.
Soy feliz como empleado, me dieron una chombita blanca y una camperita azul que me quedan muy bien y me hacen decente. Antes de entrar, todos los días me miro en el espejo, me peino un poco y sonrío.
Los primeros días mi trabajo consistió en comer, cruzar la feria para cargar el termo de agua caliente y sentarme a un lado de la biblioteca a leer libros como La física en la vida cotidiana de la colección Ciencia que ladra (que explica las leyes de Newton usando como ejemplo la caída de Charly García del noveno piso del hotel), una antología de cuentos de Quiroga, Lugones, Mujica Láinez, Victoria Ocampo y Roberto Arlt, o una obra teatral infantil escrita por Enrique Pinti que pone como consigna "tomar cerveza": aprecié su final, en el que el burgués señor Falsete acepta valores como la amistad y el amor para remplazar al dinero y se casa con la bruja.
Jueves y viernes de la semana pasada vinieron los colegios en mayor cantidad. Llego todos los días a las dos menos veinte para abrir la puerta de la biblioteca, apreciar el orden y la limpieza pura, vestirme y saludar a la gente. Al rato llega Celeste con su cansancio y su vida saturada a contarme las cosas que le pasan y al rato ya llegan los contingentes.
Encuentro gran similitud entre estos "contingentes" de entre 30 a 60 chicos de todas las edades y las descripciones de los malones indios. Recuerdo que en la primaria nos hacían sentar en "fila india", costumbre que noto extinta hoy. Todo está tranquilo y enseguida se empiezan a escuchar los gritos de miles de escolares viniendo a toda velocidad y derivando por las distintas actividades.
Los que entran a la biblioteca, si estoy solo yo, entran corriendo y gritando a arrasar con todo, pelean entre ellos por los los libros, algunos se sientan a leer, otros solo agarran los libros, los ojean los dejan en la mesa; si está Caleste, hace callar a todos, los sienta, se presenta y me presenta, y les explica qué es una biblioteca, qué se puede hacer y qué no, y les propone explicar la división de los libros: como nadie contesta y la mayoría está mirando para otro lado, concluye "cualquier pregunta que tengan, nos preguntan".
Cuando salen, dejan un silencio y una devastación de western. Ordenamos un poco y ya está entrando el nuevo contigente.
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hacen. hacían, harán eso!
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