A partir de las 14 abre la feria. Estoy ahí, peinado, bañando, afeitado, perfumado y espero los contingentes. Charlo con mi compañera, saludo a mis compañeros del patio infantil: a Fede, un pibe muy gracioso que piensa constantemente en viajar y va a buscar un trabajo cuando termine la feria y Sofi, una muchacha de Lomas que estudió organización de eventos y ahora relaciones públicas.
Vienen los contingentes, destrozan todo. Se van. Queda un silencio de muerte. Ordenamos un poco. Viene otro y otro. Me gusta estar en un lugar lleno de libros para que vean lxs guachitxs. Contesto sonriendo todas las preguntas del público. Cuento a la gente que entra a la biblioteca y clasifico por edad y sexo. Tomamos datos de los institutos, los colegios, pedimos algún que otro mail.
El 80 por ciento viene a sacarse fotos. Entran a la biblioteca, ven la decoración, dicen algo como "qué lindo, los libritos", y le piden a algún familiar que les saque una foto sentada en uno de los sillones blancos de tres plazas haciendo que lee un libro. Hay veces simplemente asoma por la puerta una mano agarrando la cámara y gatilla.
El otro día entró una madre con los dos hijos. El más chico se sentó en un puff a leer algo sobre dinosaurios. La madre lo vio y dijo en tono claramente sobrador y riendo: "Ahh, quedate quieto un rato así por lo menos te saco una foto leyendo". El niño no se quedó callado por lo que enojadísimo dijo: "¡¿Qué me decís a mí mama? Yo leo todo el tiempo, me encanta leer, el que no lee es Gastón (su hermano), mirá, ¿no ves que estoy leyendo?". Y la madre: "Quedate quieto que la saco eh..."
Yo miro todo sentado en el puff blanco desde un costado de la sala, leyendo un libro y cada tanto pispiando que no se roben ningún libro. Sería una vergüenza sorprender a alguien robando un libro de una biblioteca infantil. Robarle a un niño o niña de seis años la posibilidad de entrar en tantos mundos posibles.
Haydeé, mi compañera se sienta al lado. Ella tiene instinto maternal. Me dice siempre si estoy peinado o despeinado y nos la pasamos hablando de nuestros compañeros. Me regaña todo el tiempo por dejar el celular en la mesita todo el día. Tiene miedo de que me lo roben.
-No te preocupes, este celular es el más barato, si se lo regalo a alguien, me lo rechaza; mirá si se lo van a robar.
-Pero vos tenés que tener cuidado Leandris.
-Por favor, no me digás Lendris.
Es copada pero en mi opinión se esfuerza demasiado por algo que no es tan importante. Siempre hace un gran recibimiento de los contigentes. Les dice cómo se llama, que estudia bibliotecología, que junto a mí estamos a cargo del espacio de la biblioteca, que en la biblioteca no se come, ni se toma, ni se grita, ni se corre ni se hace nada divertido. No sé si la escuchan o no. No lo creo.
Saqué varias fotos al público, que generalmente son cursos de tercer a sexto grado. Las últimas veces los convencí de que por lo menos aparecieran con un libro en la mano haciendo que leen. El tema de la lectura en la gente es más que problemático. La lectura es un medio básico de supervivencia, por lo que todos leemos y todos escribimos todo el tiempo.
Pero la moda es sacar fotos a todo, en todos lados, haciendo distintas cosas, poniendo caras graciosas y subirlas a las redes sociales; leer los comentarios de amigos amigas y familiares, imaginar la envidia de conocidas y conocidos: en dónde estás, qué hiciste en las vacaciones o lo perfecta que te queda la bikini celeste strapless finita.
Leandris no nos sacamos ninguna foto!
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